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En el uso de antihipertensivos para el control de la presión arterial elevada, es frecuente el uso de benzodiacepinas -un ansiolítico que actúa sobre el sistema nervioso central- asociado a este cuadro. Prescripción que no se encuentra avalada por ninguna guía científica, no existiendo evidencia suficiente para indicar su uso en el tratamiento crónico de la hipertensión arterial, advierten expertos cardiólogos.

El uso de benzodiacepinas está muy extendido en el país: el 26,4% de la población de entre 50 y 65 años las utiliza. Lo que se cataloga como particularmente problemático dado que los pacientes pueden desarrollar dependencia después de solo unas pocas semanas de uso regular.

Se apunta a que los efectos relajantes musculares y sedantes de las benzodiazepinas aumentan el riesgo de caídas, particularmente en las personas mayores, mientras que también existe una asociación con ciertas infecciones y con un aumento de la mortalidad por todas las causas.

Según destacaron los expertos, es importante diferenciar la hipertensión arterial de las “crisis hipertensivas”, que constituyen un motivo de consulta frecuente cuando los pacientes acuden a servicios de urgencia por presentar presión arterial elevada, con o sin síntomas. De hecho, se estima que entre el 1 y 2% de los pacientes hipertensos desarrollarán una crisis hipertensiva en algún momento de su vida y su incidencia parece encontrarse en aumento.

En tanto, ante las consultas en guardias médicas de pacientes que registran hipertensión arterial, los profesionales deben estar atentos para saber diferenciar entre tres posibles cuadros:

• Emergencia hipertensiva: La elevación de la presión se acompaña de daño de órgano blanco (corazón, cerebro, riñón) de forma aguda, que conlleva un compromiso vital inmediato y, por lo tanto, obliga a un descenso de las cifras en un plazo de dos horas mediante medicación parenteral. Este cuadro es provocado por el aumento de la presión arterial.

• Urgencia hipertensiva: La elevación de la presión arterial no se acompaña de lesiones de órgano blanco ni compromete la vida del paciente, por lo que permite prolongar el tiempo para descender la presión en un periodo de entre 24 y 48 horas con tratamiento médico vía oral. Se da en pacientes que ya tienen antecedentes de hipertensión arterial o enfermedad cardiovascular o que sufren situaciones específicas. Tienen riesgo de evolucionar a emergencia hipertensiva y las cifras de presión arterial no ceden con el reposo.

• Pseudocrisis o falsas urgencias: Son aquellas elevaciones de la presión arterial que no producen daño de órgano blanco y son reactivas a situaciones específicas en las que predomina el estímulo simpático (estrés, ansiedad, dolor, retención urinaria) o por síndrome/fenómeno de guardapolvo blanco. La presión arterial desciende luego del reposo de 30-40 minutos o posteriormente cuando se resuelve la causa que desencadenó dicha elevación.

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