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Hoy, 29 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Corazón. En el singular contexto de lucha contra el COVID-19 cambió nuestra forma de vivir, incluyendo la adopción de comportamientos poco saludables que, se sabe, aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. 

Hablamos de hábitos alimentarios nocivos, aumento del consumo de alcohol, falta de actividad física y estrés, sumados a la ausencia de controles y consultas médicas, han dado como resultado una tormenta perfecta capaz de poner en serio peligro la salud cardiovascular. Es por eso imperativo que volvamos a conectar con nuestro corazón. Teniendo en cuenta que el 75% de los episodios cardiovasculares recurrentes se puede prevenir, mediante la detección precoz y el tratamiento temprano.

Los factores de riesgo

Los factores de riesgo cardiovasculares son variados. Algunos de ellos como la edad, el género y la historia familiar no son modificables. Otros, como el colesterol elevado, la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y el estrés, pueden y deben ser prevenidos y tratados.

Riesgo que puede aumentar con  una alimentación poco saludable, que se caracteriza por un bajo consumo de frutas y verduras y un consumo elevado de sal, azúcares y grasas.  Que debemos tener en cuenta, contribuye a la obesidad y el sobrepeso, que son factores de riesgo para  enfermedades cardiovasculares.

Por ello, lo aconsejable es fundamental desarrollar un plan de alimentación saludable, que con otros hábitos pueden contribuir a mejorar considerablemente la calidad de vida de las personas y contrarrestar posibles enfermedades cardiovasculares. Apuntamos a rutinas y recetas baja en sodio, a realizar actividad física al menos 30 minutos al día, no fumar, realizar controles periódicos de salud y moderar el consumo de alcohol, entre otros.

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