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Ejecutar una y otra vez un procedimiento mental que nos daña supone un gran gasto de energía que al final se termina notando en todas las áreas de nuestra vida.

Los hábitos mentales surgen y se mantienen sin que una persona se dé cuenta de que esto ocurre, en la mayoría de los casos. A veces es la educación que se recibe, otras veces la influencia del medio y también las creencias o tendencias de la personalidad lo que llevan a ello.

Muchas veces se adquieren hábitos mentales que resultan destructivos o dañinos, pero son tan automáticos que quien los tiene ni siquiera repara en su existencia. La consecuencia de esto es que tales hábitos terminan condicionando los esquemas que esbozamos del mundo, nuestras actitudes y los repertorios conductuales que finalmente ejecutamos.

* Eludir responsabilidades: La mentalidad de no comprometerse o dejar todo para después constituye uno de esos hábitos mentales que terminan consumiendo más energía. Esto se expresa en la tendencia a adoptar un rol pasivo en todo lo que tiene que ver con las responsabilidades. Aplica para el trabajo, pero también para la pareja, la familia e incluso la sociedad. En este caso, una persona actúa en función de lo que exijan o hagan los demás. Tiene la creencia de que no puede resistirse u oponerse a nada que le imponga el entorno. Lo que hay en el fondo de esto es una falta de responsabilidad con uno mismo.

* No saber lo que se quiere, uno de los hábitos mentales que consumen energía: Planificar acciones buscando un refuerzo equivocado también puede convertirse en un hábito mental. Ocurre con frecuencia cuando intentamos obtener un refuerzo social, sacrificando nuestros deseos o la satisfacción de nuestras necesidades reales. Como en el caso anterior, lo propio queda relegado.

* En el fondo, casi todo el mundo sí sabe lo que quiere. Otra cosa es que tenga miedo de confesárselo, precisamente porque al hacerlo se genera una responsabilidad íntima y completamente personal. También puede haber temor al fracaso o la sensación de que lo propio no cuenta.

Mentalidad de carencia: Se habla de mentalidad de carencia cuando lo que caracteriza la perspectiva de una persona es el hábito mental de verse a sí misma como alguien en estado de deficiencia. O es muy frágil, o no es tan fuerte, o no tiene, o le falta. El punto en común es que existe un sentimiento de minusvalía que condiciona sus actos y su vida.

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