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Es la fruta preferida de esta época del año y, además, es diurética, refrescante y está llena de vitaminas, minerales y antioxidantes.

Hace unos 3.500 años, los egipcios ya cultivaban sandía en el valle del Nilo. Después, los árabes, grandes consumidores también de esta fruta de grandes dimensiones, de cáscara verde y pulpa de intenso color rojo, le otorgaron propiedades desintoxicantes. Siglos más tarde, desde Europa llegó a América y su cultivo se extendió por el continente.

Beneficios:

Fruta diurética: La sandía es la fruta que más cantidad de agua contiene: un 95 por ciento de su peso. Esto la convierte en una fruta con importantes propiedades diuréticas, perfecta para mantenernos hidratados en verano. Su consumo también es muy recomendable para los enfermos del riñón, ya que estimula este órgano para que funcione con más eficiencia, facilitando la eliminación de sustancias de desecho y toxinas del organismo.

Ayuda en dietas de adelgazamiento: Las propiedades diuréticas ya descritas y el hecho de que aporte muy pocas calorías convierten a la sandía en una fruta ideal para tomar durante una dieta de adelgazamiento. Ten en cuenta que 100 gramos de sandía aportan únicamente 20 calorías. Además, su gran contenido en agua provoca sensación de saciedad y mantiene a raya las ganas de “picotear”.

Depura el organismo: cuenta con un gran poder alcalinizante y, por ello, favorece la eliminación de ácidos perjudiciales para el organismo y ayuda a mantener el pH ligeramente alcalino de nuestro cuerpo. Además, su contenido en fibra (0,5 gramos por cada 100 gramos) favorece el tránsito intestinal.

Protege las células: la sandía es una fuente de betacarotenos, un pigmento con efecto antioxidante que ayuda a mantener una buena salud visual (es eficaz, por ejemplo, frente a la degeneración macular), previene la aparición de algunos tipos de cáncer (útero, próstata, pulmón, mama y tracto digestivo) y ayuda a reducir el envejecimiento celular cuando nos sobreexponemos al sol. Y, además, ayuda a conseguir y mantener el bronceado.

Protege el sistema neurológico: es una importante fuente de potasio y magnesio (120 mg y 11 mg por cada 100 gramos de producto, respectivamente), dos minerales necesarios para la generación y la transmisión de los impulsos nerviosos y para la actividad muscular.

Ayuda a evitar infecciones: el color rojo de la sandía se debe al licopeno, un potente carotenoide liposoluble con acción antioxidante que previene frente a diversos tipos de cáncer, problemas cardiovasculares e inflamación de la próstata.

Es buena para la salud cardíaca: la sandía es rica en citrulina, una sustancia que se convierte en un aminoácido denominado arginina que protege el corazón, el aparato circulatorio y el sistema inmunitario. Además, el licopeno que contiene ayuda también a reducir los niveles de colesterol en sangre.

Es ideal para el crecimiento: es un alimento muy recomendable para darle a los niños en verano: cuenta con gran cantidad de agua, que evita la deshidratación, y aporta calcio, fósforo y vitaminas a, b1, b2, b6 y c, todos ellos nutrientes imprescindibles para el correcto crecimiento de los más pequeños.

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