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Por Facundo Esteche
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Edil Partido Colorado
190 años atrás se establecían en el país las divisas colorada y blanca, que proyectarían dos partidos políticos con valores similares pero también con diferencias. Algunas similitudes los hacen confluir hoy en una Coalición, aunque sigan teniendo matices, principalmente en la forma de gobernar. Algo natural y normal.
Las cosas no nacen de un día para el otro. Es un sesgo actual creer que los acontecimientos ocurren mágicamente desde un día determinado. Siempre hay causas que preparan el terreno. Si te pones en pareja no lo haces de un día para el otro, antes pasan cosas. No es que de un día para el otro pasaron a existir Colorados y Blancos, y algo más curioso todavía… cuando empezaron, ni siquiera tenían bien en claro qué eran. Sabían sí que defendían ideas y valores, pero no mucho más.
Es más, puedo decir que el Partido Colorado como tal nace antes de Carpintería. Los liberales uruguayos, es decir los futuros Colorados, ya usaban una divisa celeste antes de la batalla. Se destiñó rápido, y ahí nace el colorado, forro de los ponchos. Carpintería es el hito simbólico de consagración de las divisas como tales, pero ya existía una forma de concebir el Gobierno y el Estado, una identidad, al menos del Partido Colorado.
Cuando las Trece Colonias, de lo que después fue Estados Unidos, decidieron independizarse y después crear una Constitución, no tenían idea de para dónde iba a salir el tiro. No sabían qué podía pasar, era un experimento. Los caudillos Colorados y Blancos pasaban por lo mismo. Es clave intentar comprender las decisiones que se tomaban en su momento, con la información que tenían en la época, que obviamente no era la misma que tenemos hoy. Después podremos ver, con el diario del lunes, si las decisiones fueron buenas o malas. No se puede juzgar a Napoleón porque fue a Rusia y terminó perdiendo. Por algo lo hizo, principalmente por la información que tenía.
Mal de época, o simplificación cerebral para ahorrarnos trabajo, las dicotomías abundan hoy por hoy. Se piensa de esa forma. Pero antes de que se crearan las divisas, Fructuoso Rivera, al dejar la presidencia, respaldó a Manuel Oribe para que lo sucediera. No siempre estuvieron enfrentados. Sí, meses después, Oribe le sacó el mando del ejército, y ahí empezó todo. La dicotomía entre Oribe y Rivera se profundiza cuando ellos ya no están: en 1922, Lorenzo Carnelli publicó “Oribe y su época”, un ensayo que buscaba rescatar su figura frente al propio desprecio de sectores de su partido, así como ante la gran popularidad que siempre tuvo Don Frutos Rivera.
Esa identidad se sigue construyendo con el tiempo y ha quedado marcada por episodios. El coloradismo lo tiene con la caótica Hecatombe de Quinteros, cuando cayeron fusilados los hombres de César Díaz junto a varios voluntarios que habían peleado con Garibaldi. Brum y Grauert, los dos batllistas que en 1933 se plantaron ante el golpe de Terra y dejaron de estar entre nosotros. Con la Revolución de Quebracho: colorados, blancos y constitucionalistas codo a codo contra el militarismo. Con Batlle y Ordóñez, el modernismo. Con Batlle Berres, el Uruguay del optimismo. Con la defensa de las instituciones, el reformismo constante y el vanguardismo posible.
Colorados y Blancos estuvieron en bandos distintos en gran parte de la vida de esta República. Siempre hubo republicanos en ambos partidos, así como también claudicantes ante tiranos y otras tendencias aberrantes. Son partidos con luces y sombras, propias de una vida larga.
En Carpintería se forjó el futuro, con acuerdos y diferencias, que hasta día de hoy nos hacen distintos pero no irreconciliables como para coincidir en la Coalición Republicana. Porque antes que el Partido Político de uno está la República. Se decidió qué colores iba a llevar puestos este país durante casi dos siglos, quedando la impronta hasta el día de hoy. En Carpintería pasaron cosas.