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Myriam Beatriz Albisu Borrelli (1937–2022) fue una figura central de la vida cultural salteña, cuya pasión por las letras, las danzas y la enseñanza marcó generaciones de estudiantes y artistas. Nacida el 31 de enero de 1937 en esta ciudad del litoral, dedicó su vida a la creación, la docencia y la difusión del arte en sus múltiples formas. 

Desde muy joven, Myriam desarrolló una vocación artística que la llevó a estudiar danza, música, teatro, canto, expresión corporal y artes escénicas, formando una base sólida para su trabajo cultural. Participó activamente en coros, interpretó obras clásicas y combinó su sensibilidad poética con una formación diversa en disciplinas artísticas. 

La historia de un país no se construye únicamente a partir de grandes batallas, fechas patrias o figuras consagradas. Existe también una historia cotidiana, hecha de gestos simples, encuentros fortuitos y espacios compartidos, que muchas veces permanece al margen de los relatos oficiales. En esa zona vital de la memoria colectiva se inscribe el trabajo de Mario Santellán D’Andrea, historiador uruguayo nacido en Dolores, cuya obra se ha consolidado como un aporte fundamental para comprender el Uruguay profundo y su gente. Apasionado por la historia nacional y, especialmente, por la vida en el interior del país, Santellán ha sabido mirar donde otros no miraron: en los caminos de tierra, en los almacenes de campaña, en las pulperías y en las postas donde el tiempo parecía detenerse. Sus dos más recientes publicaciones, El pulso del Interior y Camino de ruedas, confirman esa vocación por rescatar lo cotidiano como clave para entender el pasado.

Se cumplen hoy, 17 de enero, 37 años de su fallecimiento. Alfredo Zitarrosa, nacido en Montevideo el 10 de marzo de 1936, no fue simplemente un cantor popular: fue una figura cuyo canto y pensamiento marcaron a fuego la cultura del Río de la Plata y gran parte de América Latina. Su voz profunda, su compromiso social, su poesía y su condición de hombre de letras —como periodista, poeta y escritor— lo colocan entre los artistas más complejos y admirados del siglo XX en nuestra región.

Un salteño en el corazón de la literatura

Horacio Silvestre Quiroga Forteza nació el 31 de diciembre de 1878 en Salto. Su origen salteño no es un accidente geográfico menor: es el punto de partida de una vida y una obra que, más allá de fronteras, marcaría profundamente la narrativa mundial del siglo XX.

Quiroga fue, ante todo, cuentista; es ampliamente reconocido como uno de los maestros del cuento moderno en lengua española. Su prosa se caracteriza por una intensa atmósfera naturalista y, en muchos casos, por la presencia ominosa de la naturaleza o la muerte como fuerzas implacables.

 

La suya fue una obra breve, intensa y profundamente humana que sigue dialogando con el presente. Juan José Morosoli es, sin exagerar, una de las figuras más singulares y queridas de la literatura uruguaya. No fue un escritor prolífico ni ruidoso, no integró grandes cenáculos intelectuales ni buscó el brillo de la capital. Sin embargo, con una obra breve, austera y profundamente humana, logró algo que pocos alcanzan: retratar con autenticidad el alma de un país. Morosoli escribió sobre hombres y mujeres comunes, sobre la soledad, la pobreza digna, el silencio del campo y la interioridad de personajes anónimos que, gracias a su pluma, adquirieron una dimensión universal.

Un día como el de ayer, 9 de enero, une de manera casi simbólica, a dos nombres fundamentales de la literatura uruguaya: Enrique Estrázulas y Salvador Puig. Nacidos el mismo día, aunque en contextos y recorridos distintos, ambos poetas dejaron una huella profunda en la palabra escrita, en la sensibilidad cultural del país y en una forma de entender la poesía como compromiso con la vida, con el lenguaje y con la memoria colectiva. Recordarlos juntos no es un mero dato biográfico: es una invitación a pensar la literatura uruguaya desde sus matices, tensiones y riquezas.

En la historia cultural del Uruguay del siglo XX, hay nombres que, aunque quizás olvidados por los circuitos más formales de la crítica internacional, permanecen como pilares fundamentales en la memoria colectiva de sus comunidades. Artigas Milans Martínez es, sin duda, uno de esos nombres. Pintor, poeta, difusor cultural y maestro apasionado, su vida fue un puente entre la palabra y la imagen, entre el paisaje rural y la sensibilidad íntima del artista. 

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