Anotaciones Callejeras
Es increíble como una solución simple como poner un resalto, de esos que se sienten, en la esquina de Larrañaga y Cervantes, hizo bajar la siniestralidad de un punto álgido en la logística del tránsito en Salto. Esto muestra también que más que la presencia de inspectores de tránsito o de agentes de la policía, que no pueden estar veinticuatro horas parados claro está, controlando, al estar ese "despertador" sobre el que hay que parar sí o sí si no se quiere dejar medio auto o moto en el obstáculos se debe bajar y mucho la velocidad.
También es cierto que esto es incómodo para todos, porque hay que andar a los saltos cada tantas cuadras, ni hablar si es un reparto de mercadería sensible, hay que manejar con mucho tino para no complicar lo que se lleva. Pero de todas forma muestra que los salteños somos hijos del rigor y sólo así bajamos la velocidad, respetamos la preferencia y bajamos los índices de siniestralidad; una lástima pero no deja de ser cierto a la luz de los buenos resultados obtenidos.
Personas que visitaron el Espacio Puerto en los días de Semana de Turismo que el tiempo permitió dicen que estuvo muy bien organizado para ver los espectáculos y que había mucha corrección en la entrada y salida de los espectáculos, sobre todo cuando de estacionar se trata donde todos sabemos que Salto no tiene espacios para nada.
Fue útil el acuerdo de la comuna con la gente de Aduanas para sacar los vehículos eternamente estacionados en el nacimiento de calle Brasil y adyacentes, eso fue clave. También se vio una abundante presencia de puestos de todo lo que se imaginen con ofertas en el rubro comidas y bebidas para todos los gustos. Eso habla a su vez de la necesidad de la gente de hacer un mango, de tener un peso en el bolsillo y ante cualquier oportunidad el salteño se tira de cabeza.
Un salteño se embarcó en una excursión que arrancó en Montevideo, pasó por Paysandú, Salto, Tacuarembó y Rivera rumbo a Bombinhas en pleno Brasil. Son las famosas playas de Brasil que se han vendido como el paraíso en la tierra, y aunque no lo sean, la gente concurre en masa.
Dice que estuvo veinticuatro horas de viaje desde que salió de Salto, del mediodía de un sábado al mediodía del domingo, lo que también obligó a varias paradas, en la Aduana de Rivera fue una, luego en paradores que no son la pulcritud que se diga, pero que normalmente no cuestionamos. Es que los brasileños parecen inmunes a todo, y allá vamos nosotros, está bien, pero Uruguay tiene mucho para valorar también.