Baja el embarazo adolescente y asoma el hijo único
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Por el Lic. Fabián Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
La baja de los nacimientos trae sus desafíos: habrá menos población en edad de trabajar en relación a los pasivos que hay que mantener, el sistema de salud tiene que atender a cada vez más adultos, y los cuidados se ven tensados. Pero las causas que llevan a “la gran caída” de nacimientos tiene un impulso en el que Uruguay es ejemplo mundial: la “notable disminución” de los embarazos en adolescentes.
La tasa de fecundidad en mujeres de 15 a 19 años se redujo a la tercera parte en tiempo récord. Hace tan solo una década, cada 1.000 mujeres adolescentes nacían 61 bebés. Ahora son 20 cada 1.000.
Pero como se puede afirmar, el ritmo de la caída de los embarazos en adolescentes empezó a desacelerarse (sigue cayendo, pero de manera menos pronunciada). Es lo esperable si se tiene en cuenta que Uruguay ya alcanzó un “núcleo duro” que es más difícil de mover con políticas como los implantes subdérmicos. Más aún si se tiene en cuenta que la tasa de fecundidad en adolescentes del país está en valores similares a sus pares de ingresos medio-altos. Pero los guarismos siguen lejos de la Europa Occidental.
Eso enciende una luz amarilla: ¿cómo hacer para continuar la baja y que las adolescentes sigan siendo adolescentes que estudian, se realizan y planifican sus embarazos?
La advertencia viene de la mano de otras “malas noticias” que arrojan las estadísticas. Aumentó el porcentaje de nacidos con bajo peso, creció la prematurez y siguió al alza la “epidemia de sífilis gestacional”, dice un informe del diario El Observador.
Esto es muy importante pues permite que la mujer no abandone el estudio por ejemplo, ya que todos sabemos que un embarazo no deseado complica a la madre y a todo el entorno. También este tipo de situaciones posterga la maternidad pues la chica va dejando paso primero a la formación, secundaria primero, terciaria después, para luego recién insertarse en el mercado de trabajo, normalmente armar pareja y pensar en decidir tener hijos. Son paso que antes no se daban y que ahora sí. Porque la reducción de la natalidad también tiene el tema de la postergación a edades más adultas. Hoy es común ver mujeres de treinta y largos años o cuarenta siendo madres, algunas por primera vez. Cuando hace unas décadas todo se centraba en el entorno de los veinte años, antes y después, con muchos hijos que condicionaban a la mujer que normalmente era la que los criaba.
El gran tema que debe enfrentar ahora el Uruguay es revertir la tendencia de la enorme desaceleración de nacimientos pero no volver al embarazo adolescente no deseado. Que eso, que es una política exitosa, no se modifique, siga así, pues trae un montón de beneficios sociales como venimos diciendo. El tema es que hay que volver a tener hijos en las mujeres que pueden hacerlo, las que tienen trabajo, las que se formaron, las que tienen una vida hecha y tienen la capacidad de recibir y atender una criatura.
También se ha dado en nuestra sociedad el fenómeno del hijo único, parejas estables que tienen un solo chico y deciden solo seguir hasta allí pues entienden que es una gran responsabilidad el cuidado de la salud y la alimentación, la educación, la formación en valores y que más hijos multiplicaría el esfuerzo y por altos niveles de responsabilidad creen que mejor quedarse con un solo chico lo que es respetable pero que marca una decisión que se ha expandido en la comunidad. Muchísimos niños uruguayos se crían sin hermanos, algo que hace unos años era casi que impensado.
Datos de un mundo nuevo que nos enfrenta a una realidad durísima como es el crecimiento como nación.