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El tema de los gimnasios está explotando en Salto con un montón de lugares donde se cultiva el cuerpo. Se trata de una moda fuerte que tiene a favor la búsqueda de un cuerpo atlético que se exhibe en redes sociales, y esto no es para los jóvenes solamente, hay gente de todas las edades que hace eso, que busca la perfección.

Si el lector presta atención en barrios incluso, de noche se ve sobre todo, la luz y los aparatos que no son baratos. Eso sí, a través de compras on line a veces de segunda mano, los profesores se surten de estos implementos y arman su gimnasio y de a poco van dando los pasos para poder tener armado un gimnasio.

 

Pero convendría marcar un detalle, no todos los profesores lo son. Quizás allí el cuerpo de docentes de Educación Física, los egresados del Instituto Superior de Educación Física, el ISEF, deberían marcar la cancha, no es lo mismo un docente egresado con título de un muchacho que hizo cursos por Internet y anda de camisilla mostrando los brazos trabajados.

 

Hay una distancia y se debería marcar pues después aparecen los problemas de espalda, los esguinces, las sobrecargas, los esfuerzos desmedidos de gente que se cree entrenador y no lo es, para algo se estudia. Es como ir al médico o a un muchacho que cura, no dudamos de las buenas intenciones, pero...

 

Está generalizado en Salto estacionar en cualquier lado cuando se enfrenta el problema de no encontrar espacios para hacerlo. Se ve a menudo con camionetas de reparto para restoranes por ejemplo, ponen las balizas y paran en cualquier lado porque "es por unos minutos y estamos trabajando" lo que parece una excusa para romper la norma pero no debería ser así, entre otras cosas porque un día se va a generar un siniestro grave y la excusa no servirá de nada y allí sí el cuerpo inspectivo empezará a controlar realmente.

 

Sucede que un restorán o una pizzería se quedan sin un insumo, llaman a la distribuidora y salen raudos a cumplir el pedido, y como nunca hay lugar hacen lo que hacen pero no corresponde, esa es la realidad, no debe ser así. Bien a la uruguaya y así nos degradamos. Por algo hay leyes, decretos y normas y las excepciones no deberían existir.

 

Pasa mucho esto también en calle Artigas donde por la zona del Centro Médico un lugar cotiza a precio de oro. Hace un par de semanas un comerciante llegó siete y veinte de la mañana de un sábado y encontró, con suerte, un lugar en la cuadra del Palacio de Oficinas Públicas. Una realidad que no cambia y promete complicarse.

 

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