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Corría el año 1985 y Alejandro Doria presentó quizás la mejor película argentina de todos los tiempos, Esperando la Carroza, una sátira costumbrista donde "muere" Mamá Cora, brillantemente interpretada por Antonio Gasalla a partir de lo cual se desatan toda clase de enredos, confusiones, engaños, traiciones, infidelidades dentro de una familia típica porteña donde tiene un papel consagratorio China Zorrilla. Papel que habría que encuadrar y mostrar en todas las escuelas de arte escénico porque es un placer ver la cara, los gestos, las poses, las voces de esa mujer llevando y trayendo ideas en el marco de un gran disparate.

 El guión es del uruguayo Jacobo Langsner. En el final, con la "resurrección de Mamá Cora", que nunca había muerto sino que estaba en la casa de una vecina cuidando al pequeño niño ante la ausencia, pactada, de su madre, un montón de veteranos se van al sepelio de la "húngara", una mujer que en su momento se creyó su cadáver era el de Mamá Cora.

Y aparece una leyenda que dice "A nuestros queridos viejos". Esta introducción, que tiene un fin especial de dedicación a los queridos abuelos está pensada para marcar la tristeza que nos ha generado ver como el primer día hábil de cada mes los viejitos concurren a los centros o redes de pago a esperar que les habiliten el cobro de la pensión o la jubilación. Pero eso se habilita alrededor de las dos y media de la tarde, pero la ansiedad, la necesidad o lo que sea hace que los abuelos estén a veces desde la mañana y se sientan a esperar tres, cuatro o cinco horas a que se habilite el sistema y poder llegar a la ansiada platita. La verdad que es una imagen triste pero los funcionarios de estos centros de pago están acostumbrados.

Por seguridad podrían ir el segundo día hábil, pero es tanto lo que necesitan que van temprano y esperan, esperan lo que sea cada mes. Pasó el día miércoles 1 de julio de la semana pasada y así con el primer día hábil de cada mes. Hay cada historia.

Con buen criterio Alberto Subí, director de Movilidad de la Intendencia de Salto, dijo que se pondrán radares con cámaras en los lugares que se dan asiduamente picadas y todo tipo de locuras en dos ruedas, empezando por la Avenida Ramón J. Vinci y también Patulé. Está bien encaminado pero el tema es que muchos de los energúmenos tienen la chapa doblada hacia arriba para evitar eso, o no tienen chapa matrícula directamente lo que hace que no se pueda averiguar cuál es el número y desde allí lograr la identificación. Una pena pero el malandra siempre va adelante.

 

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