Cómo lubricar las bisagras
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Por Ramón fonticiella
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rfonti08@gmail.com
Es necesario lubricarlas para que no suenen y cumplan con su función. Eso pasa con todas bisagras: las de los muebles y las puertas, las del cuerpo… Las que son parte de cosas inanimadas se mantienen, en general con aceites; las de hombros, muñecas, rodillas se mejoran con colágenos…
Estos espacios no son de mantenimiento hogareño ni de medicina, no tengo capacidad. Traigo los ejemplos a manera de motivación, para recordar que los seres humanos tenemos en nuestra anatomía un órgano fundamental que debe lubricarse: el cerebro. Es tan vital, que no puede “oxidarse”, “endurecerse”, ni “engriparse” como una máquina falta de aceite. ¿Cómo y para qué lubricar el cerebro?
Si un mecanismo se “atora” no anda; si el cerebro no procesa la información del mundo, tampoco funciona. Si la cabeza no piensa, el cuerpo no es independiente, no se vale por sí mismo. Si funciona poco, se “oxida”, no cumple su tarea y la persona (como las máquinas herrumbradas) sale de la circulación social. Así como lo leemos: quien no piensa no actúa a veces ni para defenderse; no se da cuenta de qué es malo o qué es bueno para sí mismo y para su comunidad. Una mente sin actividad pierde juicio crítico, toma por bueno lo que le dicen que le sirve, aunque le esté sacando vida a sí mismo. Un ejemplo burdo de lo dicho: la masificación impone consumir productos azucarados y ultra procesados, que pueden dañar el organismo a la corta o a la larga; igualmente los consumimos ¡y se los damos a los niños! Clara señal de un cerebro que está trancado; no distingue entre lo beneficioso y lo peligroso para sí mismo y su familia…
El mundo en que vivimos tiene clara tendencia a oxidar cerebros, masificando a la gente en busca de hacerla consumir lo que el capital quiere. Un cerebro “lubricado” tendría información y la usaría. Claro, eso al capital no le sirve, porque perdería clientes. Si llevamos los casos de alienación a temas más graves (guerras, ideologías, tendencias sociales) encontramos algunas de las explicaciones del estado triste del mundo.
El lubricante cerebral es la información, la lectura, la audición de temas de calidad, el ejercicio de la mente en cosas prácticas, la aprehensión de conceptos que lleven a pensar, a establecer relaciones, en fin a lograr autonomía personal. Ejercitarse en buscar significados, en conocer pensamientos ajenos y relacionarlos con los nuestros, estar informado (no catequizado) son lubricaciones duraderas para la mente humana. El mundo intenta (y lo va logrando), que cada vez nos esforcemos menos en pensar, en estudiar, que dependamos de lo que la AI nos dice, sin armar nuestras respuesta. Ese cerebro se parece a un ser humano sedentario, tirado en una silla, comiendo golosinas, haciendo jueguitos con el celular y creyendo que Trump quiere ahogar a los cubanos para llevarles la democracia o que secuestró a Maduro sin interés en su petróleo.
Sólo nuestra persona puede resistir la propia oxidación cerebral. Escribir, leer, discutir, escuchar, razonar son la lubricación necesaria. Depende de cada uno y de la comunidad que frecuente.