Dale nomás, abajo el telón
- Por Dr. Pedro Bordaberry, senador de la República
«Tirez le rideau, la farce est jouée». La frase se atribuye a François Rabelais, el de Gargantúa y Pantagruel. Dicen que la murmuró en su lecho de muerte: «Bajen el telón, la farsa ha terminado». En ese momento descubrió que la vida toda era una comedia. Algo parecido siento cuando miro la escena política local e internacional.
Nuestro Presidente condena en las Naciones Unidas el bloqueo económico a Cuba. Pero no encontró una palabra para decir que en esa isla hace más de sesenta años que no hay democracia.Y lo hace desde Nueva York, cómo si Estados Unidos estuviera obligado a comerciar con la Cuba que lo insulta o con quienes lo hacen con ella.
Mientras tanto, el presidente Trump se fotografía con Delcy Rodríguez, que ocupa ilegitimamente la presidencia de Venezuela. La misma que hasta hace poco denunciaba. Y María Corina Machado, la que luchó por los derechos de los venezolanos, sigue sin poder volver a su Patria.
La Premio Nobel de la Paz mira, con la ñata contra el vidrio, como se reúnen la usurpadora y el presidente de la mayor potencia mundial en «la tierra de los libres y el hogar de los valientes».
El país de Rómulo Gallegos recupera a sus personajes: reaparecen doña Bárbara y Mr. Danger; y Santos (ahora Santa) Luzardo no puede volver a Altamira, donde el miedo sigue mandando en el Arauca vibrador.
Nadie dice nada.Silencio en la noche, el músculo duerme pero en la cuna de la democracia nadie canta. Ni los chavistas orientales, defensores de la revolución bolivariana, ni los que ayer declamaban pertenecer a los pueblos libres.
Y el gobierno del gran pueblo vecino, al que los libres saludamos en su himno, reclama con justicia sus derechos sobre las Malvinas. Pero al mismo tiempo se mete en la tierra de Artigas, «sugiriendo» que legisladores y gobernantes de este país libre, electos por su pueblo, no concurran a determinados lugares del Uruguay. Nuestra gris Cancillería, olvidando la Precisión del Yí y el Congreso de Tres Cruces, en lugar de rechazar la sugerencia, la tolera y traslada. Después fue todo un error. Siempre hay un funcionario, que no se identifica, a mano cuando se apagan las luces.
Al mismo tiempo, aceptan medidas antidumping brasileñas como moneda de cambio por cupos de ingreso que no tienen, y se reconocen salvaguardias que tampoco deberían aceptarse.Y disfrazan la infame entrega del rico patrimonio, como en toda buena obra de Teatro. Primero la visten de acuerdo a cambio de cuotas en la Unión Europea, que no se tienen; después, de levantamiento de sanciones ilegales que ahora se consienten.
«Írritos, nulos, disueltos y sin valor para siempre». La frase sagrada, pronunciada en la Florida sobre el altar de la Patria, la olvidan quienes declaran en público que quieren ayudar a su mentor y amigo en la carrera electoral de los herederos de Lecor y de la Cisplatina. Olvidan también aquello del vil precio.
Es difícil entender este cambalache, problemático y febril. Por más que el siglo veinte quedó atrás. Todo se vuelve a mezclar y en la vidriera irrespetuosa vemos llorar la Biblia contra un calefón. Da lo mismo la demócrata que la que usurpa la presidencia. El que reclama lo que le pertenece y se mete en la libertad del vecino. El que pide por una dictadura y ayuda, con el rico patrimonio oriental, al amigo ideológico. Dale nomás. Dale que va, que allá en el horno nos vamo´ a encontrar.
Rabelais tenía razón. Bajen el telón. Aunque la farsa no terminó: cambió de elenco.