Delirios legislativos
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
¡En qué manos hemos dejado la conducción del país! Es una pregunta que resuena con una fuerza demoledora tras escuchar las insólitas manifestaciones que nacen en el corazón del Poder Legislativo. ¿Pero esta gente tiene los pies en la tierra? ¿En qué planeta viven? Mientras miles y miles de uruguayos sobreviven en asentamientos e infraviviendas, padeciendo toda clase de privaciones y necesidades estructurales, desde una banca del Senado se planean alternativas absolutamente fuera de toda realidad, por no decir abiertamente alocadas.
PROPUESTA ALOCADA
La reciente iniciativa presentada por Viera raya en lo absurdo. Pretende nada menos que "regionalizar" a la República Oriental del Uruguay en ocho o nueve zonas, eliminando de un plumazo a los diecinueve intendentes y a la totalidad de las juntas departamentales, para sustituirlos por un inédito andamiaje administrativo con ejecutivos y parlamentos regionales. Según sus propias palabras, el objetivo es "optimizar los recursos del Estado" y "mejorar" la prestación de servicios a la ciudadanía agrupando al país por zonas productivas.
Resulta alarmante la liviandad con la que se pretende desarmar la arquitectura institucional, histórica y cultural de la nación. Rediseñar el mapa de la República con el simplista argumento de unir "la zona arrocera" o "la zona del citrus" desconoce de manera supina la identidad local, el arraigo de nuestras comunidades y la compleja realidad del territorio uruguayo. Crear nuevas megaestructuras con ejecutivos regionales y nuevos parlamentos no solucionará un solo problema cotidiano de los ciudadanos; por el contrario, sumará capas de burocracia, incertidumbre y una desconexión todavía mayor entre el gobernante y el vecino.
AVENTURAS UTÓPICAS
El Uruguay real enfrenta desafíos dramáticos que exigen madurez, pragmatismo y empatía. Los uruguayos que luchan día a día no necesitan experimentos geopolíticos de gabinete ni teorías teóricas sin sustento práctico. Necesitan trabajo digno, seguridad en sus barrios, acceso a la salud, una educación de calidad y un Estado verdaderamente eficiente que no malgaste los impuestos de los contribuyentes en aventuras utópicas.
Resulta incomprensible cómo un representante parlamentario invierte tiempo e ingeniería política en semejante despropósito cuando las urgencias sociales golpean la puerta con violencia. Afirmar que se busca optimizar gastos proponiendo crear parlamentos zonales es una flagrante contradicción pedagógica que roza la tomadura de pelo para con el pueblo trabajador. No se puede jugar a la geopolítica de escritorio cuando hay compatriotas pasando frío, hambre y postergación en las periferias de nuestras ciudades.
IDEAS ESTRAFALARIAS
Es hora de exigir a nuestros legisladores una severa cuota de cordura y sentido común. El Senado no debe ser un laboratorio de ideas estrafalarias desconectadas de las verdaderas dolencias populares. El país requiere respuestas concretas para la gente de a pie y no delirios de regionalización que solo alimentan la desconfianza en la clase política. Urge que los representantes dejen de tocar la lira de la improvisación fantasiosa y pongan los pies en el barro de la realidad nacional de una buena vez por todas.