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Hay momentos en que una reacción dice mucho más que un discurso cuidadosamente preparado. Y el episodio protagonizado por el ministro de Economía, Gabriel Oddone, con el periodista Leonardo Sarro merece ser observado no solamente por el tono del intercambio, sino por lo que dejó al descubierto detrás de esa discusión. La pregunta de Sarro fue sencilla y, sobre todo, incómoda: ¿qué pasa con quien gana 25.000 pesos y no llega a fin de mes? ¿Hay esperanzas con este modelo?

Oddone respondió defendiendo las medidas adoptadas por el gobierno, el crecimiento del salario real, la evolución de los ingresos de los hogares y los ajustes de las jubilaciones mínimas. Dijo, además, que la población de menores ingresos constituye “el principal desvelo” del equipo económico y reconoció que todavía deben esforzarse más.

Hasta allí, una discusión legítima. El problema apareció cuando la pregunta dejó de ser técnica y se transformó en política. Cuando Sarro sostuvo que el modelo económico se parecía al de la administración de Azucena Arbeleche, el ministro se retiró visiblemente molesto y, terminada la conferencia, volvió sobre sus pasos para decirle al periodista: “Lo que acabás de hacer es de mala fe”. ¿Mala fe? Puede ser la interpretación del ministro. Pero una comparación política no debería provocar semejante reacción en quien tiene la responsabilidad de conducir la economía del país.

Porque si el modelo es diferente, se explica. Si sus resultados son mejores, se demuestran. Y si todavía no produjo los resultados esperados, se reconoce y se corrige. La economía no se defiende con enojo. Se defiende con resultados. Y aquí aparece el verdadero problema. El Banco Central informó que el Producto Interno Bruto cayó 0,8% en el segundo trimestre respecto al primero y 0,5% en la comparación interanual. La contracción estuvo fuertemente vinculada al desplome del sector agropecuario, pesca y minería, afectado por las condiciones climáticas, mientras otras actividades registraron crecimiento.

Es cierto: un trimestre malo no permite decretar el fracaso de ningún modelo económico. También es cierto que la sequía y la menor cosecha de soja tienen un peso determinante en las cifras. Pero tampoco alcanza con refugiarse en la explicación climática. Porque la pregunta verdaderamente importante sigue siendo la que formuló Sarro: ¿qué ocurre con quienes viven con 25.000 pesos?

Ahí están los uruguayos que no analizan el PIB desde una planilla del Ministerio. Lo analizan desde la góndola del supermercado, desde la factura de la luz, desde el alquiler, desde el boleto, desde el precio de la carne y desde la cuenta bancaria cuando llega el final del mes.

Para ellos, el crecimiento del salario real es una estadística solamente si no consigue transformarse en una mejora concreta de la vida cotidiana. Oddone sostiene que el gobierno está atendiendo a los sectores de menores ingresos. El argumento merece ser discutido con datos y no descalificado. Pero también merece una respuesta política contundente: ¿cuánto mejoró realmente la situación de esos hogares y cuánto falta todavía?

El ministro había defendido, además, la proyección oficial de crecimiento de 1,6% para 2026, pese a que la mediana de las expectativas privadas relevadas por el BCU se ubicó en 1% en setiembre. Oddone admitió que las proyecciones pueden equivocarse y afirmó que, si el gobierno no tiene razón, será el primero en reconocerlo y corregir. Esa debería ser precisamente la actitud.

Por eso, el verdadero debate no es Oddone contra Sarro. Tampoco Arbeleche contra Oddone. El debate es si el modelo económico que está aplicando este gobierno consigue generar crecimiento sostenido, mejorar los ingresos, reducir las desigualdades y ofrecer una perspectiva concreta a quienes hoy viven con salarios que apenas permiten sobrevivir. 

Lo peligroso, es que cuando un gobierno se convence de que las críticas son “de mala fe”, corre el riesgo de dejar de escuchar aquello que no quiere escuchar. Y la economía, señor ministro, tiene una mala costumbre: tarde o temprano, siempre termina pasando la factura.

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