La cuota de Uruguay que le sirve a Brasil
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Por Jose Pedro Cardozo
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Hay decisiones políticas que sorprenden. Y hay otras que obligan, por lo menos, a detenerse y preguntar cuál es la lógica que las sostiene. La decisión del presidente Yamandú Orsi de habilitar que Brasil utilice parte del excedente de la cuota uruguaya de carne vacuna destinada a China pertenece, sin dudas, a esta segunda categoría.
El anuncio tomó estado público después del encuentro de Orsi con Luiz Inácio Lula da Silva en Nueva York. El presidente brasileño agradeció públicamente la autorización uruguaya para utilizar el excedente de la cuota de carne hacia China. Desde el gobierno uruguayo se explicó que se trata de parte de las 324.000 toneladas asignadas a Uruguay para 2026 que el país no prevé utilizar. La decisión final, sin embargo, corresponde a las autoridades chinas.
Pero aun con esas precisiones: ¿Era necesario abrirle esta puerta precisamente a Brasil?
Brasil no es un socio comercial cualquiera. Es nuestro principal vecino, integra el Mercosur y mantiene con Uruguay relaciones económicas y políticas históricas. Pero también es un gigantesco competidor de la producción agropecuaria uruguaya en los mercados internacionales. En materia de carne vacuna, la diferencia de escala es enorme y Brasil disputa con Uruguay los mismos compradores, especialmente en China.
Por eso resulta difícil comprender que Uruguay, teniendo una cuota propia, decida facilitar que su principal competidor pueda utilizar parte de ella para colocar su carne en el mercado chino.
Más todavía cuando la industria frigorífica uruguaya atraviesa un escenario que dista de ser sencillo y cuando una porción muy significativa de la capacidad de faena está vinculada a capitales extranjeros, con una fuerte presencia brasileña. Los números son elocuentes. En 2025, los grupos Marfrig y Minerva representaron conjuntamente alrededor del 51,6% de la faena vacuna del país, según datos difundidos sobre la actividad frigorífica. Uruguay XXI identifica, además, a Marfrig y Minerva entre las principales empresas brasileñas instaladas en el país.
Entonces la cuestión adquiere otra dimensión.
No se trata solamente de toneladas de carne. Se trata de mercados, de capacidad industrial, de puestos de trabajo, de productores, de precios y de quién captura el valor generado por una de las principales cadenas productivas del Uruguay.
Durante años se discutió precisamente el riesgo de una excesiva concentración de la industria frigorífica. La Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia intervino en el intento de adquisición de plantas de Marfrig por parte de Minerva,( ambos grupos brasileños), mientras gremiales rurales expresaron preocupación por sus eventuales efectos sobre la competencia. Y en este contexto aparece la decisión del gobierno de facilitarle a Brasil una puerta adicional de acceso al mercado chino.
Puede argumentarse que Uruguay simplemente está aprovechando un excedente que de otro modo quedaría sin utilizar. Puede decirse también que se trata de una decisión circunscripta al año 2026 y que existe una reciprocidad futura en negociación. Incluso se ha informado sobre conversaciones vinculadas a cuotas europeas.
Todo eso merece ser explicado con absoluta claridad. Porque en comercio exterior no existen favores inocentes. Existen intereses, mercados y negociaciones. Uruguay debe preguntarse qué obtiene concretamente a cambio de ceder una ventaja que le pertenece. Y debe explicárselo al productor, al trabajador de la industria frigorífica y a toda la sociedad.
La solidaridad regional es una cosa. Entregarle espacio a un competidor directo en un mercado estratégico es otra.
Si el gobierno tiene una estrategia detrás de esta decisión, corresponde conocerla. Si existe un beneficio concreto para Uruguay, corresponde explicarlo. Y si simplemente se trata de utilizar un excedente que el país no iba a colocar, también habrá que discutir si no existían otras alternativas para defender el valor de la producción nacional.
Porque Uruguay es un país pequeño. Y precisamente por ser pequeño no puede darse el lujo de regalar posiciones en los mercados internacionales. Y mucho menos hacerlo sin explicar con precisión qué recibe a cambio.