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La puesta en funcionamiento de la Central Hortícola del Norte en forma efectiva desde hoy, representa uno de los desafíos más importantes y, al mismo tiempo, una de las mayores oportunidades de desarrollo que ha tenido Salto en las últimas décadas. No se trata únicamente de una nueva infraestructura destinada a la comercialización de frutas y hortalizas. Estamos ante una herramienta que puede modificar profundamente la forma en que se produce, se distribuye y se agrega valor a una de las actividades más dinámicas de nuestra economía.

Durante años, los productores hortifrutícolas del norte del país han debido enfrentar una realidad que muchas veces resulta difícil de comprender. Gran parte de la producción de primera calidad sale de Salto rumbo al Mercado Modelo de Montevideo para luego regresar al departamento y a otras ciudades del interior con los costos adicionales que implica el transporte, la intermediación y la logística. El resultado es conocido: menores ingresos para quienes producen y mayores precios para quienes consumen.

La Central Hortícola del Norte nace precisamente con la aspiración de corregir esas distorsiones. Si logra consolidarse como un verdadero centro regional de comercialización, permitirá que productores de Salto y de otros departamentos del norte accedan a mejores condiciones de venta, fortaleciendo su rentabilidad y generando una cadena comercial más eficiente. Del otro lado del mostrador, los consumidores tendrán mayores posibilidades de acceder a productos frescos, de calidad y a precios más competitivos.

Pero el verdadero desafío va mucho más allá de la comercialización. La nueva central debe convertirse en el punto de partida para una etapa superior de desarrollo productivo. Es necesario impulsar procesos de industrialización que permitan transformar parte de la producción en conservas, salsas, jugos, alimentos congelados y platos semipreparados. Los mercados modernos demandan cada vez más productos con valor agregado, listos para consumir o con mayores niveles de procesamiento, y esa es una oportunidad que el norte no puede dejar pasar.

La capacidad productiva de Salto está fuera de discusión. Basta recorrer el cinturón de nuestra ciudad, para observar la enorme superficie cubierta por invernáculos, macrotúneles y microtúneles de PVC. Miles de hectáreas producen durante prácticamente todo el año gracias a tecnologías de riego, fertilización controlada y manejo sanitario que permiten obtener frutas y hortalizas de excelente calidad, independientemente de las variaciones climáticas o de las estaciones.

Esa realidad demuestra que el conocimiento, la experiencia y la capacidad de inversión ya existen. Lo que falta es dar el siguiente paso. La Central Hortícola del Norte puede ser la plataforma que articule producción, comercialización, logística e industrialización, generando nuevas oportunidades para emprendedores, trabajadores y empresas vinculadas al sector.

Asimismo, puede abrir la puerta a nuevos mercados. Hoy las exportaciones de la región están fuertemente asociadas a la producción citrícola. Sin embargo, existen nichos comerciales para una amplia variedad de frutas, hortalizas y productos elaborados que podrían conquistar espacios en otros departamentos, en países vecinos e incluso en mercados más exigentes.

Naturalmente, el éxito no está garantizado. Requerirá gestión eficiente, visión estratégica, compromiso de los productores y apoyo institucional permanente. Pero pocas veces Salto ha tenido frente a sí una herramienta con tanto potencial para generar riqueza, empleo y desarrollo.

Insistimos que el gran desafío es transformar  esta CHN en motor de una nueva etapa para la producción regional, capaz de convertir el esfuerzo de nuestros productores en mayores oportunidades para toda la comunidad. El desafío es enorme, pero la oportunidad también es. Tengamos conciencia y compromiso 

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