Urge cambiar el rumbo económico
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Por Jose Pedro Cardozo
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La situación económica del Uruguay comienza a mostrar señales preocupantes y cada vez resulta más difícil ocultar una realidad que golpea tanto a empresas como a trabajadores. El estancamiento de la actividad, la pérdida de competitividad, la falta de inversión y el creciente peso del Estado sobre el sector productivo conforman un escenario complejo que exige respuestas claras y decisiones diferentes.
En las últimas semanas trascendió que el Ministerio de Economía y Finanzas podría impulsar cambios en el sistema impositivo durante junio o julio. Todo indica que el gobierno buscará aumentar la recaudación o introducir nuevos ajustes fiscales para enfrentar un problema evidente: el país gasta más de lo que recauda y las cuentas públicas no cierran.
El problema es que la economía uruguaya no está creciendo. Los datos del primer trimestre reflejan una realidad muy negativa para el comercio y las empresas. Diversos indicadores muestran un freno importante en la actividad y muchos empresarios advierten que no se veía un panorama tan complicado desde el año 2022, cuando todavía se sufrían las consecuencias directas de la pandemia.
La diferencia es que en aquel momento existía una explicación extraordinaria. Hoy no. Y eso vuelve más preocupante la situación.
El ministro Gabriel Oddone y el equipo económico conformado por técnicos como Rodrigo Arim, Álvaro García o Guillermo Tolosa enfrentan un escenario que hasta ahora no han logrado revertir. Nadie puede negar la formación académica de quienes conducen la economía, pero los resultados son los que finalmente importan. Y los resultados no son buenos.
Desde el gobierno se insiste en que factores internacionales, como la guerra en Medio Oriente y la suba del petróleo, afectan al país. Es cierto. El aumento del barril impacta directamente sobre costos y precios internos. Pero también es verdad que Uruguay se ve beneficiado por los buenos valores internacionales de productos como la carne, la soja y el trigo. Entonces la pregunta es inevitable: si algunos sectores exportadores atraviesan buenos momentos, ¿por qué el país sigue sin despegar?
La respuesta parece estar en un modelo económico que continúa apostando a más Estado, más gasto y más presión fiscal, mientras el aparato público sigue creciendo sin una reforma profunda que lo haga más eficiente.
Uruguay se ha transformado en un país caro para producir. Muchas empresas reducen actividad, otras directamente cierran y varias optan por trasladarse a Paraguay o Argentina buscando mejores condiciones. Mientras tanto, el gobierno carece de anuncios fuertes en materia de inversiones nuevas y termina presentando como logros proyectos que ya venían encaminados desde administraciones anteriores.
A esto se suma un dato alarmante: ya se anunció que la próxima Rendición de Cuentas tendrá escaso margen económico. En otras palabras, muchas promesas realizadas durante la campaña difícilmente puedan concretarse. Esto seguramente aumentará la tensión con sindicatos y gremios estatales que históricamente reclaman mayores recursos.
El país necesita discutir seriamente otro rumbo económico. Seguir aumentando impuestos o endeudándose para sostener un Estado cada vez más costoso no parece una solución sostenible. Quizás sea momento de aplicar medidas audaces que incentiven el consumo, la inversión y el trabajo. Una rebaja temporal del IVA, menos burocracia y señales claras al sector privado podrían ser alternativas para reactivar la economía.
Porque si Uruguay no crece, si la producción se estanca y si cada vez hay menos empresas generando riqueza, el futuro inevitablemente será más deuda, más dependencia y menos oportunidades. El desafío es entenderlo a tiempo y tener la voluntad política de cambiar antes de que la situación se agrave aún más.