El elogio de la traición
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Por Lic. Fabian Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
Podríamos tomar una categorización para entender qué es lo que está pasando dentro del Gobierno y sobre todo de las cabezas que lo rigen. Podríamos decir que hay dos tipos de líderes. Hay uno que a lo largo de su vida repite siempre lo mismo, se forma un mantra. Un día, la historia pasa por esa esquina y demanda lo que él ofrece. Así se sube al carro de la historia y ella lo lleva al poder, pero puede ser que en algún momento la agenda y la gente cambien, mientras él insiste y se vuelve anacrónico. Se trata del que está dispuesto a perder elecciones con tal de no traicionar a sus ideas, dice el periodista y escritor argentino Carlos Pagni.
Desde el punto de vista de la política, ese concepto que parece tan aceptable moralmente, puede ser inconveniente. En los años 90 apareció un libro que se titula “Elogio de la traición”, de Jeambar y Roucaute, que explica cómo hay que adaptarse a los cambios de la sociedad, que puede demandar algo distinto a lo que uno ofrece. Eso habla de la responsabilidad del político. Atarse al mástil de la propia ideología y resistirse a escuchar el rumor de la historia puede ser irresponsable y llevar al país a la catástrofe.
El elogio de la traición es el título del libro que Denis Jeambar e Yves Roucaute escribieron sobre el arte de gobernar por medio de la negación (Éloge de la trahison, Éditions du Seuil, 1988). La tesis central de estos autores señala que la traición es la expresión política -en el marco de las normas que se da en la democracia- de la flexibilidad y adaptabilidad, haciendo entonces que la traición sea una necesidad imperiosa en los Estados democráticos desarrollados. En esta realidad social en el que se impone lo efímero, la política debe hacer gala de una elasticidad para conservar las relaciones necesarias entre los individuos, átomos inquietos del cuerpo social.
Hoy el problema central, salta por todos lados, es la inseguridad. Incluso comerciantes se nuclean en Salto para reclamar la vuelta de mayores patrullajes de la Guardia Republicana ante el avance de muchachos que munidos de armas (¿de dónde sale tanto arsenal disperso?) entran a cualquier empresa, almacén o lo que sea en búsqueda de dinero, a veces sumas de dos mil pesos lo que llama a la reflexión, de gente que arriesga la vida por moneditas. El gran tema es que es la vida suya y la de los demás porque si solo fuera la suya vaya y pase.
Miremos entonces al Gobierno que desde el Poder Ejecutivo tiene la misión de velar por la inseguridad. Se metió en una gran controversia a partir de la llegada, o el uso de tanquetas del Ejército Nacional, pero le cuesta dar pasos seguros rumbo a políticas que lleguen a fondo, como que aspiran ese aire de comité de base que el capitalismo aplicado así lleva a la gente al delito y que de fondo son consecuencias de no aplicar los manuales marxistas. Posiblemente sirva para discusiones eternas de asambleas pero la gente hoy urge por tranquilidad, por achicar las bocas de venta de droga que traen delito al barrio, actividad a toda hora, jóvenes arrastrándose atrás de lo que sea para llegar al objetivo del dinero que los lleve a la muerte de la droga.
Quizás también de fondo el Frente Amplio no aspira a solucionar el problema sino a seguir gobernando, su máquina aceitada le ha permitido ganar cuatro de las últimas cinco elecciones, en tanto ha generado un electorado cautivo que hoy no tiene la misión de mejorar el gobierno sino de insultar a Luis Lacalle Pou, denunciarlo, degradarlo, para seguir teniendo el Estado como botín. Seguramente no saben de la existencia del libro.