Entre el pan dulce y la sidra, aceite de ricino
- Por Dr. Pedro Bordaberry, senador de la República
Repetía un viejo político que si uno tenía que dar una mala noticia lo mejor era hacerlo entre Navidad y fin de año. El Frente Amplio parece haber tomado ese consejo al pie de la letra. Mientras brindábamos y mirábamos los fuegos artificiales, nos agregaron a la mesa un ingrediente que nadie pidió. Junto al pan dulce y la sidra, nos sirvieron aceite de ricino en forma de aumentos tarifarios e impositivos.
Mientras muchos armaban el bolso para la costa y otros se desenchufaron un rato de lo cotidiano, llegaron las malas noticias envueltas en celofán y regadas de ricino.
La primera, el aumento del agua. OSE decidió que 8,5% era un aumento razonable, pese a que la inflación ronda el 4% y los ajustes salariales quedaron bastante por debajo.
Lo curioso es que no se escuchó a los sindicatos protestar. Capaz que la sidra estaba muy dulce.
Después siguieron la luz, la telefonía y hasta el ferrocarril. El boleto entre Tacuarembó y Rivera quieren subirlo 20%. En un país que discute décimas de inflación, semejante salto suena más a zarpazo que a corrección.
Todos necesitamos agua, luz y comunicación; por eso estos aumentos duelen. No porque no haya que ajustar nunca, sino porque el orden de magnitud excede el bolsillo del ciudadano común, que bastante hace para llegar a fin de mes.
El golpe más fuerte vino con el Fonasa. El Presidente apareció en televisión en un extraño “off the record” televisado que era un “on”, anunciando que muchos recibirán menos devolución y otros, directamente, nada.
Después la Ministra de Salud explicó que se debía a que su Ministerio necesitaba más recursos.
Luego Economía les enmendó la plana a ambos al aclarar que el objetivo era corregir fallas viejas del diseño del Sistema Nacional Integrado de Salud. Claro, corrección para recaudar más, se olvidó de decir.
Mucha explicación técnica, pero la realidad es la misma que anunció el Presidente desde el principio: miles de uruguayos recibirán menos o nada. Y tampoco parece que la Ministra vaya a ver un peso extra.
“No aclares que oscurece”, repetía un dramaturgo español.
No solo la improvisación llama la atención, sino la desarmonía total del gobierno. Esto mina la credibilidad en él. Mientras tanto, el aceite de ricino de más impuestos y aumentos de tarifas se cuela entre el pan dulce y la sidra sin que los uruguayos se den cuenta.
En el campo, ese aceite tenía muchas utilidades. Servía para que los cascos resecos de los caballos no se partieran en las secas y para ablandar cueros y recados endurecidos por el sol. También se usaba para aceitar cerraduras o ruedas de carros y hasta prender el fuego porque “ardía lento”.
Era práctico y silencioso como parece que ha sido la época elegida para comunicar las decisiones de aumentos que se tomaron.
El efecto es parecido: ablandan el malestar con suavidad y dejan que el enojo tarde en prender. Pero va a prender igual, no tengan duda. Porque arde lento, pero arde. Sólo hay que cuidar que no se apague.
En dosis chicas, el aceite de ricino también se usaba como laxante en animales y seres humanos. Más temprano que tarde tendrá un efecto parecido.
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