Entre therians, carnaval y humo
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Por Ramón Fonticiella. Ex Intendente de Salto
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rfonti08@gmail.com
Disculpen: me he permitido castellanizar el término therian y ponerlo en plural agregándole una “s”. No sé si está bien. Sólo me importa que se entienda que hablo del fenómeno social de quienes se sienten identificados con animales. Lo dejo por ahí porque deduzco (optimista) que interpretan. Trato de mostrar que nuestra pueblerina sociedad está, en estos días, entretenida con los sustantivos del título y otros más. No trato de quitar importancia a quienes se consideran dentro del “mundo therian”, seguramente se trata de acostumbrarnos a estos signos ; creo que es menos peligroso para el mundo, que ver como diariamente se concentran fuerzas para agarrarse a cañonazos en el estrecho de Ormuz…
El mundo se tuerce cada vez más hacia la violencia, y yo trato de hacer una fuercita para enderezar el pensamiento popular rumbo al diario vivir.
El fenómeno therian, ya está registrado en el mundo; de forma parecida a través de los tiempos se han producido y difundido pensamientos y prácticas que algunos aprobaron y otros rechazaron. Aunque cueste, el ser humano debería adaptarse a la evolución de su especie, aunque no le gusten las manifestaciones. Ningún humano tiene poder capaz de permitir o vetar manifestaciones ajenas que no perturben su propia vida.
Pero aterricemos sobre las costas pedregosas del Salto Chico. Vivimos momentos de therians, carnaval, anuncios de obras ajenas y liberación de humo propio. Tenga calma, es así. Los chicos que se identifican con animales, los que se transportan espiritual y físicamente con el sonido de tambores, los grandes que creen anuncios de obras ajenas y las consideran propias, están envueltos en el mismo humo “vivencial”.
Todos constituyen, para mí, casos de escapes de la realidad tangible. Algunos inofensivos para la vida ajena (therians, carnavaleros), otros no tanto: quienes disfrutan de anuncios promisorios sin serlos (obras privadas por ejemplo).
Aunque no lo parezca todos son ejemplos de “entretenimiento” social; de ocupar el foco de la conciencia con asuntos que no parecen ser centrales para las personas, sino accesorios. Estar “entretenidos” se ha constituido en una norma de estos tiempos, no sólo por decisión de quienes se distraen, sino fundamentalmente como objetivo de los creadores de distracciones. Esas prácticas van más allá de tener a las personas inmersas en un “sueño sin realidad”, tienen el objetivo de sacar al ser humano del centro de decisiones y acciones claves para la vida de todos y dejar esa tarea para unos pocos que marcan el rumbo; los demás “siguen entretenidos”.
Gastar millones en la fiesta de carnaval cuando se toma deuda para “reconstruir”, es por lo menos un desatino; arriesgo a decir que es una alienación social: un desvío de conductas personales y colectivas. Por supuesto que es atractivo, pero como decíamos antes “primero la heladera, después el televisor”.
Que se anuncien como logro de gobierno obras privadas (como hacía Lima con cuanto edificio autorizaba), parece aparentar que se atraen inversiones. Se completa una cortina de humo muy, muy densa. Peor que la de Lima y compañía: es mucho más cara.
¡A despertar que el monóxido de carbono, mata!