Fue, en realidad, una excusa
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Por Jorge Pignataro
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jpignataro@laprensa.com.uy
Ya pasaron varios días, pero la imagen me quedó latiendo, junto a la sensación de que debía escribir algo. Lo hago ahora. En definitiva, esto de alguna forma me justifica, su verdadero cumpleaños es el 6 de enero. La imagen de dirigentes de todos los partidos políticos compartiendo una celebración, riendo, escuchando música y dedicándose palabras de respeto mutuo no es una postal habitual en buena parte del mundo. Sin embargo, en Uruguay ocurrió con naturalidad en el marco de los 90 años de Julio María Sanguinetti. Y ese hecho, más allá del homenaje a una figura central de la historia reciente, merece una lectura política y social más profunda: habla de un país donde la convivencia democrática no es un eslogan, sino una práctica cotidiana.
El cumpleaños del expresidente colorado fue, en realidad, una excusa. La verdadera protagonista de la noche fue la cultura política uruguaya, esa que permite que adversarios electorales se sienten en la misma mesa sin estridencias, que reconoce trayectorias más allá de las banderas partidarias y que entiende a la política como un espacio de competencia, sí, pero también de respeto. Mientras en otras latitudes los cumpleaños de líderes suelen convertirse en demostraciones de poder sectario o en actos de reafirmación ideológica cerrada, aquí se transformaron en una escena plural, diversa y serena.
No es un detalle menor que en la misma sala coincidieran un presidente en ejercicio, expresidentes de distintos signos, autoridades partidarias del oficialismo y de la oposición, artistas populares y referentes sociales. Tampoco es casual que el tono haya sido festivo, distendido, con humor, música y recuerdos personales. Esa mezcla habla de una política desdramatizada, capaz de reconocerse humana, sin renunciar por eso a la firmeza de las ideas.
Uruguay no está exento de conflictos, tensiones ni debates duros. Los hay, y son necesarios. Pero la diferencia sustancial está en el marco: las discusiones ocurren dentro de reglas compartidas, con instituciones sólidas y con partidos que, aun enfrentados, se reconocen mutuamente como actores legítimos. La celebración por los 90 años de Sanguinetti mostró justamente eso: que la discrepancia no impide el diálogo y que la alternancia no rompe los lazos básicos de convivencia.
Resultó especialmente elocuente ver a dirigentes que semanas antes habían protagonizado cruces públicos conversar con cordialidad, sonreír y dejar atrás desencuentros circunstanciales. No se trató de una puesta en escena artificial, sino de una actitud profundamente arraigada en la tradición republicana del país. Esa capacidad de separar lo personal de lo político, de no convertir cada diferencia en una ruptura irreparable, es uno de los grandes capitales democráticos de Uruguay.
También hubo un fuerte componente intergeneracional. Sanguinetti, protagonista de momentos fundacionales de la recuperación democrática, fue escuchado y homenajeado por líderes mucho más jóvenes, que gobiernan hoy un país distinto pero heredero de aquellos acuerdos básicos. Esa continuidad, lejos de ser una carga, aparece como una fortaleza: la democracia no se reinventa cada cinco años, se construye sobre consensos que atraviesan décadas.
En tiempos de polarización global, de discursos de odio y de democracias tensionadas hasta el límite, escenas como esta adquieren un valor simbólico enorme. No porque Uruguay sea perfecto, sino porque demuestra que es posible hacer política sin convertir al adversario en enemigo, sin romper los puentes del diálogo y sin sacrificar la paz social en el altar de la confrontación permanente.
El cumpleaños de Sanguinetti dejó, así, una enseñanza que trasciende al homenajeado. Recordó que la política puede ser un espacio de encuentro, que la pluralidad no es una amenaza y que la convivencia entre partidos no debilita a la democracia, sino que la fortalece. En un mundo crispado, Uruguay volvió a mostrar, con gestos simples y sinceros, que la paz cívica no es ingenuidad: es una elección colectiva sostenida en el tiempo.
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