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Aun los que la cuestionan (sobre todo ellos), saben que la educación es una clave decisiva en la conducción del mundo. Seguramente por eso en la democracia, las cuestiones educativas se tratan con tanta pasión: allí estarán las semillas para sembrar ideas, conductas, estructuras sociales y políticas. Por eso hoy día hay una efervescencia rayana en la conflictividad, ante la llamada reforma educativa que impone el gobierno de turno.


También hubo luchas durísimas en la reforma que elaboró Sanguinetti, cuando era ministro de Educación de Bordaberry (1973). Las viví siendo maestro, y lo cuentan crónicas ¿noveladas? de La Red 21 que transcribo.

La ley “llamada de Educación General, (se aprobó) merced a los votos del oficialismo colorado y de los «blancos baratos», según la expresión de Wilson Ferreira Aldunate. “ “El profesor Mario Cayota, de la Gremial de Profesores de Montevideo, comentó a nuestro corresponsal: «Es claro que se trata de establecer un régimen de terror...” “El diputado del Frente Amplio Hugo Batalla fue terminante: «Esta ley ataca directamente a la enseñanza, no despolitiza ni pacifica nada, sino que introduce un nuevo brote de violencia; es una concepción reaccionaria de la educación»

Esas expresiones se oían hace casi cincuenta años, antesala de la dictadura, según lo narra ese portal. Aquella reforma como ésta, son obras de gobiernos conservadores, que no consideran a los educadores como pilares básicos de las construcciones educativas, por lo que se generan choques frontales.

¡Qué falta hace en estas instancias el Maestro Miguel Soler! Sin ser especialista en vida y obra de este uruguayo de Cataluña, considerado ajeno a toda religión y partido político, es un símbolo del magisterio y en su figura reflejo a todos los colegas rurales, urbanos y especializados comprometidos. Por alguna razón cuando consideró que el gobierno de turno (1961) quitaba a su emblemático núcleo escolar de La Mina (Cerro Largo) las posibilidades de desarrollarse acorde con sus objetivos, renunció. De inmediato lo llamó la UNESCO...

Wstoy convencido de que hoy la figura, el conocimiento y la acción del Maestro Miguel Soler, serían decisivos para cuestionar en defensa de la educación, este intento de reforma a cualquier costo. Naturalmente el Maestro Soler, en tanto ajeno a colores partidarios no tendría apetitos políticos menores. No estaría construyéndose perfil de candidato, sino entregándose a elaborar educación.

“El Maestro Miguel representa como nadie al magisterio rural uruguayo. En su extensa y prolífica trayectoria vital protagonizó acontecimientos pedagógicos de referencia para nuestro país y América Latina toda. Pero sus experiencias y vivencias, sus intensos recorridos y sus extraordinarios aportes van más allá de las ruralidades, constituyendo un legado para la educación toda” (Maestro Limber Santos, 2021).


Miguel Soler nos dejó físicamente en 2021, pero simboliza al educador comprometido, hoy ignorado por la conducción política de la educación. “Pero desde ahora, no su recuerdo sino su presencia permanente, no sus experiencias de antaño sino su luz esperanzada de futuros mejores, no la tristeza de la pérdida sino el valor de lo ganado con su vida, nos acompañará siempre. Gracias Miguel...” (Maestro Limber Santos).

¡Hoy hace falta Miguel Soler!

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