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Es fundamental entender relevancia de la educación emocional en los niños y niñas de primera infancia, etapa que abarca desde el nacimiento hasta los cinco años según la normativa vigente y que resulta decisiva en la construcción de la subjetividad y el desarrollo integral de los niños y niñas.

En este período, los vínculos familiares, sociales y educativos adquieren un rol fundamental, dejando huellas significativas que inciden en la manera en que los niños y niñas aprenden a relacionarse consigo mismos y con los demás. La educación emocional se presenta como un aspecto crucial para favorecer la capacidad de concentración, el aprendizaje y la interacción social positiva. Se plantea que situaciones de dolor, frustración y desesperanza pueden obstaculizar la adquisición de nuevos conocimientos y limitar el disfrute del juego y la socialización. Por ello se sostiene la necesidad de acompañar a los niños y niñas en el reconocimiento y regulación de sus emociones, no desde una perspectiva terapéutica, sino mediante propuestas pedagógicas innovadoras que fortalezcan la convivencia, el respeto, la tolerancia y el diálogo en el ámbito escolar. Los centros educativos entendidos como una segunda casa se convierten en un espacio clave de socialización y contención, donde el docente cumple un rol protagónico en el acompañamiento afectivo y educativo. Acá es clave asumir que muchas veces el hogar se llenó de tecnología pero se fueron achicando los espacios de diálogo y el aula termina siendo de los pocos espacios donde se habla. Hoy es clásico ver una casa donde todos, padres e hijos están insertos en dispositivos electrónicos y el diálogo se va apagando poco a poco.

Estos conceptos permiten comprender la complejidad del campo y ofrecen herramientas para abordar las prácticas educativas. Se busca revalorizar la educación emocional en la formación y práctica del docente, proponiendo acciones educativas que promuevan hábitos emocionales saludables y acompañen los procesos madurativos de las infancias. Así mismo, se destaca el rol del maestro de primera infancia y su responsabilidad de trabajar por y para las infancias, generando entornos que potencien el desarrollo cognitivo como el emocional de los niños y niñas. Porque en no pocas situaciones es el docente que se acerca, dialoga, pregunta, se preocupa ante la vorágine del hogar que por trabajo y las razones que  mencionamos líneas arriba que no permiten el espacio de intercambio de opiniones que debería existir entre padre e hijos.

En estos espacios se pudo evidenciar que los procesos de enseñanza y aprendizajes se encuentran atravesados por la dimensión emocional de los niños y niñas de primera infancia, así como por sus experiencias y vivencias diarias. Se considera de suma relevancia que los niños y niñas aprendan pautas de convivencia desde edades muy tempranas como: promover el diálogo, la espera de turnos, el valor de la amistad, la resolución de conflictos, la cooperación y el respeto, son habilidades socioemocionales que los niños van adquiriendo a lo largo de los años y esto no solo genera un mejor clima en la sala, sino que trasciende a otros ámbitos de la vida. Esto es más importante de lo que creemos pues ayuda a la resolución  pacífica de conflictos y genera individuos que creen en los valores de convivir y discrepar con la capacidad de resolver las distancias que los distintos puntos de vista pueden generar. Lograr trabajar las habilidades socioemocionales desde una mirada pedagógica dentro del aula no sólo beneficiarán a los niños y niñas en un momento puntual, sino que, trascenderán el tiempo y el lugar, lograrán transformar en primer lugar individualidades y en segundo lugar a las dinámicas de los grupos y en un futuro a la sociedad misma.

 

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