La jornada educativa no se desarrolla de manera aislada
-
Por Lic. Fabian Bochia
/
ffbochia@hotmail.com
La literatura sociológica sobre educación distingue entre el abandono definitivo y los procesos de desvinculación o discontinuidad de las trayectorias educativas. Mientras que el abandono supone la interrupción del vínculo con la institución educativa, la discontinuidad puede manifestarse de manera progresiva a través de inasistencias, pérdida de regularidad y dificultades para sostener el cursado.
En el ámbito de la Educación Técnico Profesional (ETP), estas situaciones pueden presentar características particulares debido a la importancia de las actividades prácticas y de taller, así como a la carga horaria presencial que caracteriza a muchas de sus propuestas formativas.
Diversos estudios sobre educación media técnica en América Latina señalan que esta modalidad puede resultar atractiva para estudiantes que buscan una formación vinculada al mundo del trabajo y la adquisición de conocimientos aplicados. Al mismo tiempo, la organización de los cursos y sus exigencias horarias pueden relacionarse con las condiciones sociales y económicas de los estudiantes. Aspectos como el trabajo, las responsabilidades familiares, los tiempos de traslado y las posibilidades de descanso constituyen dimensiones que pueden incidir en la forma en que los estudiantes sostienen su trayectoria educativa.
En el contexto uruguayo, los informes del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEED, 2021, 2023) y los datos publicados por la Administración Nacional de Educación Pública permiten observar la existencia de procesos de desvinculación y discontinuidad en la educación media. Para el caso de la Educación Técnico Profesional, estos antecedentes constituyen un marco de referencia para analizar la evolución de la matrícula y la permanencia de los estudiantes.
Para profundizar en la dimensión sociológica de este fenómeno, resulta esclarecedor el aporte de Christian Baudelot y Roger Establet (1975) respecto a la teoría de las redes de escolarización y el modo en que el origen social condiciona la permanencia en las instituciones educativas. Los autores sostienen que el sistema educativo opera mediante dos grandes circuitos diferenciados: la red Secundaria-Superior (S-S), orientada a la formación académica de largo aliento, y la red Primaria Profesional (P-P), destinada a la capacitación técnica e inserción laboral rápida de los sectores populares. En este segundo circuito las urgencias económicas, las exigencias del trabajo informal temprano y las condicionantes sociofamiliares de los estudiantes ejercen una presión constante sobre la continuidad escolar. De este modo, la desvinculación o la baja de matrícula en la educación técnica no puede interpretarse como un fracaso individual o una falta de vocación, sino como el reflejo de cómo las desigualdades de origen social condicionan la capacidad de los estudiantes para sostener un cursado riguroso y continuo en el tiempo (Baudelot & Establet, 1975).
La organización de los horarios escolares constituye una dimensión relevante para analizar las experiencias educativas de los adolescentes y jóvenes. La jornada educativa no se desarrolla de manera aislada, sino que forma parte de una organización cotidiana en la que también intervienen los tiempos de descanso, traslado, trabajo, responsabilidades familiares y otras actividades.
Diversas investigaciones sobre el sueño en adolescentes han señalado que durante esta etapa se producen cambios en los ritmos de sueño y vigilia, que pueden generar una tendencia a conciliar el sueño más tarde y presentar dificultades para levantarse temprano. La Adolescent Sleep Working Group (2014) sostiene que los horarios escolares muy tempranos pueden reducir las oportunidades de descanso de los adolescentes, especialmente cuando se combinan con las necesidades propias de esta etapa del desarrollo.
En una línea similar, Carskadon (2011) plantea que los cambios en los ritmos biológicos durante la adolescencia pueden entrar en tensión con horarios escolares tempranos, afectando las posibilidades de alcanzar un descanso adecuado. Esta situación puede relacionarse con dificultades de atención, cansancio y somnolencia durante la jornada educativa.
Sin embargo, el descanso no depende únicamente del horario de comienzo de las clases. Las condiciones de vida de cada estudiante también pueden influir en la cantidad y calidad del descanso disponible. El tiempo de traslado hasta el centro educativo, las actividades laborales, las responsabilidades familiares y otras obligaciones pueden reducir el tiempo destinado al sueño y modificar la organización cotidiana.
Desde esta perspectiva, resulta pertinente analizar los horarios de cursado en relación con las condiciones concretas en las que los estudiantes desarrollan su vida cotidiana.