La mirada de un fanático
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Por el Lic. Fabián Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
Hace unos siete años, un autor que es profesor de literatura en la Universidad de Harvard, Stephen Greenblatt, escribió un libro fantástico que se llama El tirano. Es un análisis de cómo la política recorre la obra de Shakespeare. En una de sus páginas, Greenblatt analiza textos de Shakespeare y describe cómo funciona la cabeza de alguien dogmático. Es decir, de alguien que tiene muchas dificultades para interrogar sus propias ideas, para dudar de aquello que piensa, para mirar desde otro punto de vista. Para Shakespeare leído por Greenblatt, el dogmático está tan convencido de que lo que piensa es verdad, está tan convencido de que no puede haber ninguna duda respecto de lo que está pensando porque sus verdades son evidentes, que solo puede concebir que alguien dude de ellas por alguna perversión moral. Es decir, solo una desviación moral, solo una perversión ética, puede hacer que alguien no vea lo evidente dice en una editorial del Diario La Nación Carlos Pagni.
Qué nos dice Greenblatt, a través de este análisis conciso y directo de siete obras del dramaturgo del siglo XVI, sobre la política estadounidense contemporánea. Evita mencionar a líderes mundiales por su nombre, pero aborda el contexto político actual a lo largo del libro. Como era de esperar, la aplicación de estas ideas a la actualidad resulta irregular, dada la perspectiva neohistoricista de Greenblatt y su intención de reflexionar sobre el autoritarismo, tanto del pasado como del futuro. Se analiza menos el tema de las normas institucionales de lo que podría ser relevante para nuestro contexto, ya que las obras de Shakespeare se centran generalmente en monarquías (sin contar las ambientadas en la época romana).
Sin embargo, al examinar la trilogía de Enrique VI , Ricardo III , Macbeth , El rey Lear , Cuento de invierno , Julio César y Coriolano , Greenblatt explicita algunos paralelismos contemporáneos (por ejemplo, al invocar el secuestro de mujeres al describir a Ricardo III y citar a Rusia para ilustrar (literalmente) la relación del héroe romano Coriolano con los volscos para entablar tratos secretos y obliga al lector a contextualizar los puntos clave de Tyrant para obtener una nueva perspectiva sobre Shakespeare y nuestro entorno político. Si bien el libro se publicó en 2018, las próximas elecciones presidenciales estadounidenses invitan a una revisión oportuna desde la perspectiva de las ciencias sociales.
Naturalmente que uno comparte esta visión que es lo que estamos soportando en estos tiempos difíciles de guerras por todos lados, los problemas de Cuba, de Venezuela, expuestos a partir de la salida de Maduro de su linda, simpática y compañera dictadura.
Hay un video, de los muchos grabados por la televisión venezolana, donde Maduro y una partidaria de su particular socialismo, cantan felices que el que "se porta mal se va para el Tocolón", que era una cárcel del chavismo donde se detenía, torturaba, violaba y mataba a los disidentes, claro, encajan perfecto en la definición del principio. Cabe preguntarse hasta donde llegan los límites de la estupidez humana y cómo se puede defender algo así. Maduro es un chanta pero hay uruguayos que lo defienden.
En este marco de razonamiento conviene ser precisos pues si algo se le puede decir al fanático, al que solo ve lo que quiere, es su notable capacidad de generalización. Por lo que aprovecha para atacar a todos los que no piensan como él, faltaba más.
Se ve también en el conflicto con Palestina, Israel y Hamás. La izquierda uruguaya ha desplegado una especie de anti sionismo que no se entiende mucho, salvo por a alianza de Israel con Estados Unidos. Cuando en esa zona todos se matan entre sí y mueren niños de todos lados y de todos los bandos, pero para el fanatismo izquierdista solo importa el lado palestino aunque dentro de ellos esté Hamás.