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Si bien hoy muchas cosas han cambiado, jugar a la pelota en cierto lugares, sigue siendo parte de los más chicos y para quienes tenemos algunas canas, sabemos que muchas veces buscábamos al más chico para hacer lo que otros habían pateado mal el balón. Quien no escuchó en alguna oportunidad la frase, “la pelota en la casa del vecino” y para recuperarla, siempre se buscaba a aquel que no fuera a recibir el descargo, que generalmente se daba. Incluso en aquellas calles solitarias de otros tiempos, cuando el balón golpeaba en la ventaja o puerta, que hacía que el vecino saliera a retar a aquellos que simplemente jugábamos. La época de niños que en alguna oportunidad golpeamos la puerta para que se nos devolviera la pelota, la que generalmente lo hacían de buena manera en un par de oportunidades, pero ya después de la tercera, cuarta o quinta, el reto de que no lo volviéramos a hacer.

Son de esas cosas que se daba en nuestro días de niños, donde muchas veces el reto de los mayores era entendible, sobre todo si el juego se daba en horas del mediodía, cuando algunos lo tenían para un descanso reparador. La vida siempre repite ciertas cosas, más allá que hoy ya no es tan sencillo, ya que muchas calles se inundaron de vehículos, lo que hizo que el juego ya no fuera el de otros años, más allá que en alguna oportunidad la pelota cae en la casa del vecino. En muchos casos lo hemos escuchado en los juegos oficiales, donde el balón sale desde los estadios y la fuerza que lleva hace que la pelota caiga en zona o patios de los vecinos, por lo que la recuperación no es tan rápida.

Siempre habrá alguna persona que ira a golpear en el momento adecuado para intentar recuperar la pelota, pero nunca aquel que la pateó. En este caso se buscará el culpable o a quien culpar, como en la vida misma, con aquello que la culpa siempre será del otro. Algo que también viene de mucho tiempo, la culpa nadie la quiere y esto es parte del diario vivir en distintos ámbitos de nuestra vida. Cada vez que la pelota caía en la casa del vecino, se mandaba al más chico a tocar el timbre o golpear las manos para recuperar el balón y era el que generalmente la recuperaba más rápido.

Hoy en día dejando la “pelota” de lado, vemos como en distintas situaciones se busca el lado más flaco para llevar la culpa y los verdaderos responsables tratan de lavarse las manos, algo que tampoco en nuevo. Hay que encontrar un culpable y señalarlo como el responsable de lo que no marcha de la mejor manera, entonces se comienza a caminar de un lado a otro, aquel que sufre situaciones complicadas, que intenta la ayuda necesaria. Es cuando golpea una puerta, otra y otra, hasta comenzar a notar que la respuesta no llega, cuando la realidad de tanto caminar, comienza a ver que no encuentra la respuesta necesaria, lo que lleva a un cansancio de no recibir respuesta.

Claro que muchas veces la respuesta no es la que cada uno de nosotros cree que es la solución, sino que la letra chica, esa que generalmente no leemos, sobre todo si no contamos con los lentes o conocimientos necesarios, para entender que en definitiva las Instituciones actúan de acuerdo a leyes y normas, que en definitiva es una seguridad para todos.

Claro, que cuando la pelota está en la casa del vecino, nuestra mirada es una, pero cuando llega al nuestro comenzamos a conocer la verdadera realidad, aunque muchas veces ya es tarde para comprenderla. Pura realidad en estos días, donde ponemos el foco o la mirada en lugares equivocados.

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