Lento, desorientado y desordenado
- Por Dr. Pedro Bordaberry, senador de la República
Qué difícil es lo que estamos viviendo. Tenemos un gobierno lento, desorientado y desordenado. Y no escucha. Los uruguayos le hacen sentir su desaprobación y no reacciona. Peor: en lugar de reconocer sus errores, dice que tiene “un problema de comunicación”, que la gente no percibe lo bueno que está haciendo. La culpa no es de quien se equivoca, sino de quien lo padece. Original.
La Rendición de Cuentas va por ese camino. Es una ley que maquilla en lugar de corregir y encauzar el destino del país. Tomemos dos áreas: la economía y la seguridad. El Ministerio de Economía erró sus previsiones el año pasado. Construyó el presupuesto sobre un crecimiento del 2,6% para 2025 y del 2,4% para 2026. El 2025 cerró en 1,8%. Para 2026 ahora estiman 1,6%, (será menos).
¿Por qué importa este error? Porque si la economía crece menos, se recauda menos; y si se recauda menos, hay menos para gastar. Elemental.
Pero el ministerio explica que, si bien el crecimiento fue inferior, forma elegante de no decir “nos equivocamos”, el tema se salvó por “eficiencia en el gasto”. ¡Eficiencia en el gasto! Linda forma de decir que cargaron 100 millones de más en los combustibles, retocaron las franjas del IRPF y le metieron mano al Fonasa. Eficientes fueron, sí: en trasladar a los uruguayos la factura de su error de cálculo.
Para llevar la discusión a otro terreno, anuncian ahora 30 millones de dólares para enfrentar la pobreza infantil. No podemos estar más de acuerdo con esa prioridad. Lo que no compartimos es que se aflojen las condicionalidades para recibir las transferencias. Hoy se exige mandar a los niños a la educación. No se pide que los padres trabajen: apenas que los manden a la escuela. Hasta eso quieren aflojar. ¿De dónde sale este dinero ahora? En parte, del Instituto de Colonización: 31 millones de dólares. Casualmente, lo mismo que el año pasado se gastó en una estancia para instalar seis, sí, seis, tamberos en homenaje a un expresidente. Cuánta desorientación.
Podría seguir, pero falta la seguridad. En otra muestra de eficiencia, el Ministro del Interior incluyó en la Rendición el proyecto que convierte al Instituto de Rehabilitación en servicio descentralizado. Su tortuguesco andar merece un repaso. En marzo de 2025 enviamos el proyecto a su despacho. En abril dijo en el Parlamento que estaba de acuerdo. En junio, que estaba pronto y “ya en papel”. En septiembre, que “esta semana lo mando, pero no quiero que vaya en una ley presupuestal”. En octubre, que había puesto a los mejores técnicos. En enero 2026, que “solo falta que lo vean los sindicatos”. En abril, en la interpelación, que “antes de fin de mes estaría en el Parlamento”. En mayo, que ya estaba en Economía. Y ahora, 440 días después de recibirlo, lo manda… en la Rendición de Cuentas, la ley que no quería usar. Sin advertir, además, que requiere mayoría especial.
Lo que se dice, el Usain Bolt de la burocracia. Su patocriollismo no termina ahí. Ahora le preocupa regular las picadas de automóviles. Está bien, pero difícilmente ese sea hoy el problema más grande del país. Claro que la velocidad de las picadas resulta incomprensible para quien va a otra velocidad en todo. Quizás esa lentitud no le permite ver que la prioridad es el narcotráfico, y que la propia Fiscal de Corte pidió crear la figura penal de pertenencia a organizaciones criminales, como hicieron Italia y España. Pero no: su prioridad son las picadas, no los narcos.
Lento, desorientado y desordenado. Y sin apuro por dejar de serlo.