Magros, pobres y mínimos...
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Por Mario Kroeff Devincenzi
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mkroeff@laprensa.com.uy
El último Informe de Cuentas Nacionales presentado por el Banco Central del Uruguay (BCU), que corresponde al segundo trimestre de 2026, indica que el producto bruto interno (PBI) registró una caída del 0,5% en relación con el mismo trimestre de 2025. La verdad es que hace muchos años que los crecimientos uruguayos de su economía pueden ser calificados de magros o pobres, distantes de los mínimos auspiciantes de otras épocas que alguna vez nos ilusionaron.
Claro está que con estos niveles de crecimiento tan pobres no llegaremos a nada y resulta evidente el peligro de estar cada vez peor, así es la cosa. No es solo un gobierno de izquierda, cómplice de las malas decisiones y promotor de barullo económico, sino del desorden que implican tantos sectores disidentes en la marcha de las cosas. Las cosas andan como se puede, en general más o menos mal, y en muy pocas ocasiones de buena manera. Algunos años son pobremente positivos, otros más y muy pocos estimulantes.
Todo es muy caro y los salarios no dan en forma suficiente y de buena manera. La presión tributaria es muy alta y tantos unos como otros, quienes producen y los que consumen, lo sufren abiertamente. No hay manera de acostumbrarnos a esta situación, es que somos un país chiquitito, rodeado de gigantes territoriales y económicos como Brasil y Argentina, con fronteras siempre abiertas para las idas y vueltas de los consumidores uruguayos. Así son las cosas, y no hay manera de salir adelante más o menos comunitariamente.
Quizás en estas condiciones sea imposible ser el mejor país del mundo, no podemos aspirar a esa condición pero a lo sumo a pretender vivir de mejor manera, con otra perspectiva. En la que el sector público sea acotado y eficiente, de pocas empresas estatales y número de empleados públicos ajustadas a la realidad económica del país. Con servicios adecuados que sirvan a los intereses del país y las heridas estructurales debido a nuestra condición diminuta y dependiente, acotadas de acuerdo a las posibilidades.
Para lograr lo anterior se impone menos Estado propiamente dicho, el cese la cantidad excesiva de empleados públicos y de servicios que se repiten o son inútiles, la apuesta a un sector publico y privado que se complementen y salgan adelante en forma coordinada.
Así serían las cosas, nos guste más o menos. De lo contrario seguiremos de medio pelo. Mucho me temo que es una cuestión de tamaño, imposible de afrontar así como nada, si queremos ser independientes y felices de ser uruguayos. Así las cosas nunca sería muy barato vivir en este país pero si se podría hacerlo con dignidad y respeto.
Por supuesto que la izquierda en su conjunto no entiende, o no quiere hacerlo, que con su modelo e ideas no puede hacerlo. Hay que entender que vivir decentemente cuesta caro, eso hay que entenderlo y asumirlo. De alguna forma el costo de vivir en Uruguay se compensaría con la mediana calidad de vivir en su territorio.