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A siete meses del inicio de la nueva administración, el Presupuesto Quinquenal entra en la discusión legislativa. Entre promesas de cambio, exigencias de responsabilidad fiscal y una ciudadanía cansada de esperar, la Junta Departamental tiene la tarea de definir si los números se traducirán en gestión y resultados concretos para Salto.

Con este febrero avanzando entre temperaturas tórridas y expectativas contenidas, la ciudad intenta dejar atrás años de estancamiento. Al cumplirse siete meses desde que la CORE asumió la conducción del Gobierno Departamental, el escenario político se vuelve ineludible: un Presupuesto Quinquenal de 600 millones de dólares en el centro del debate.

No se trata de una cifra cualquiera ni de un expediente administrativo más. Este presupuesto representa la promesa de un cambio profundo que la ciudadanía viene reclamando desde hace tiempo. El cambio de autoridades en 2025 generó una expectativa legítima y muy alta. Pero hoy, el vecino que esquiva pozos en las calles de Salto, el que aún espera mejoras en el alumbrado de su barrio ya no se conforma con diagnósticos ni explicaciones sobre la herencia recibida. No votó balances ni relatos: votó gestión, soluciones concretas y un cambio de ritmo para Salto.

En este contexto, el eje de responsabilidad se traslada a la Junta Departamental. El proyecto presupuestal, remitido por el Ejecutivo, se encuentra a estudio de la Comisión Integrada de Hacienda y Presupuesto con Legislación y Reglamento. Allí se juega el futuro inmediato del departamento. No es un trámite ordinario: es el ámbito donde debe analizarse con rigor si estos 600 millones constituyen una herramienta real de desarrollo o si esconden un esquema difícil de ejecutar y riesgoso para la estabilidad financiera. El trabajo técnico y responsable de la comisión será determinante para despejar esa incógnita.

El presupuesto propone intervenir en dos áreas que han sido puntos débiles de la gestión departamental: la recuperación de la infraestructura vial urbana y rural, y una descentralización que deje de ser un eslogan para transformarse en política concreta. Es justo reconocer la inclusión de obras y proyectos para los municipios del interior, como los acuerdos recientes vinculados al acceso al agua en Colonia Lavalleja. Porque Salto no termina en la Costanera ni en el centro; el departamento real se extiende mucho más allá y exige respuestas equitativas y sostenidas.

El problema de Salto nunca fue la falta de dinero, sino la falta de gestión. Seamos claros, el verdadero desafío de la actual administración no pasa por gastar, sino por gestionar mejor. Cada peso presupuestado debe traducirse en resultados tangibles. Salto no puede resignarse a ser noticia por sus niveles de desempleo o por el deterioro de sus servicios; necesita recuperar protagonismo regional, atraer inversiones y modernizar su estructura productiva. Cualquier vecino que recorre las calles de Salto se hace la misma pregunta: ¿este presupuesto marcará un hito decisivo o se repetirá la historia de gobiernos anteriores que han frenado el desarrollo departamental?

La discusión en la Comisión integrada de Hacienda y Legalización no debería transformarse en una pulseada partidaria. Salto no soporta más el bloqueo por el bloqueo mismo. Pero tampoco admite cheques en blanco. Cada peso asignado a maquinaria, políticas sociales y actividades culturales debe justificar su impacto real en la calidad de vida del salteño que cumple, aporta y espera respuestas.

Gobernar implica priorizar y asumir costos. El éxito del plan quinquenal dependerá de la transparencia, la capacidad de ejecución y el respeto por los recursos públicos. En mi tarea como Edil, asumo el compromiso de cumplir fielmente el mandato otorgado por cada votante: ejercer la función de contralor con independencia y responsabilidad, contribuyendo a que este presupuesto se convierta en gestión real y resultados concretos para Salto.

Hoy el presupuesto está en discusión. Mañana, lo que importará será ver obras, servicios funcionando y barrios avanzando. Porque a la ciudadanía no le interesan los millones en abstracto, sino el bienestar concreto. Y entonces la pregunta queda planteada: ¿será este el presupuesto que finalmente haga que Salto deje de esperar, o estamos ante otra oportunidad histórica que corre el riesgo de diluirse con el transcurso del tiempo?

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