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Ayer tuvimos la oportunidad de entrevistar al diputado Dr. Federico Preve, médico neurólogo, quien puso sobre la mesa un tema que en el interior se vive todos los días, aunque muchas veces no tenga la visibilidad que merece: la falta de médicos especialistas fuera de Montevideo. Su propuesta es clara y, para algunos, difícil de aceptar , que los médicos especialistas, una vez recibidos, trabajen de forma obligatoria durante dos años en hospitales del interior. Puede sonar fuerte, incluso antipático, como él mismo reconoce. Pero también obliga a hacerse una pregunta que no podemos seguir esquivando: ¿Cómo resolvemos la desigualdad en el acceso a la salud?

Quienes vivimos al norte del Río Negro sabemos de qué estamos hablando. No se trata de una discusión teórica. Es la realidad cotidiana. Hay especialidades que simplemente no están. Y cuando están, no alcanzan. Entonces, el sistema responde como puede, derivando pacientes. Siempre hacia otros departamentos, muchas veces hacia Montevideo. El problema es que detrás de cada derivación hay una persona, una familia, un gasto, un viaje, una espera. Y, en muchos casos, una angustia innecesaria.

El propio legislador reconoce que aún no hay un estudio concreto que garantice que su propuesta solucionará el problema. Pero también sostiene algo que es difícil de negar, ayudaría. Y, más importante aún, se muestra abierto a escuchar. A recibir propuestas, críticas, aportes. De los profesionales, sí, pero también de los usuarios de la salud pública, que son, en definitiva, quienes viven estas carencias.

Y ahí es donde vale la pena mirar experiencias que sí funcionaron. En Salto, hace algunos años, se vivió algo que muchos recuerdan como un ejemplo de lo que se puede hacer cuando hay voluntad. Durante la dirección del Dr. Richard Boucq, el equipo del Instituto de Cardiología Infantil comenzó a viajar regularmente al hospital.

Una vez al mes llegaban especialistas, cardiólogos infantiles, hemodinamistas, psicólogos. No era solo una consulta puntual. Era un equipo completo. Atendían a niños con cardiopatías congénitas, hacían seguimiento de quienes ya habían sido operados y acompañaban a quienes estaban en proceso.

Pero hubo más. En la dirección del Dr. Juan Pablo Cecio se lograron realizar en el propio hospital de Salto algunas cirugías cardiovasculares pediátricas muy complejas, y con éxito. El equipo quirúrgico del ICI  viajaba, los especialistas se trasladaban, y los pacientes, niños,  podían ser atendidos cerca de su casa, con su gente. No fue teoría,  fue práctica concreta, con resultados.

Eso dejó una enseñanza sencilla pero potente,  cuando el sistema se organiza, el acceso mejora. Por eso, más allá de estar a favor o en contra del proyecto de Preve, hay algo que no se puede negar,  puso un problema real sobre la mesa. Y lo hizo con una actitud que no es menor. No cerró la discusión. La abrió.

Es cierto que cualquier intento de cambiar esta realidad choca con un modelo centralista que lleva décadas. Un sistema que muchas veces se mueve por la lógica de la oferta y la demanda, incluso en algo tan sensible como la salud. Y tocar eso implica intereses, resistencias y decisiones difíciles.

Pero también es cierto que no hacer nada ya no es una opción. En el hospital de Salto, por ejemplo, existe un atraso histórico en cirugías. Mientras tanto, hay situaciones difíciles de entender. Como la del médico cirujano Martin Salvatierra, que hoy está dando recetas en una policlínica, lejos del quirófano para el que se formó, mientras cientos de personas esperan una operación.

La pregunta es  ¿Cuántas vidas se podrían haber mejorado o incluso salvado en otro contexto? ¿Quién asume esa responsabilidad cuando todo salga a la luz? Volviendo al planteo inicial, quizás la clave no esté en una sola medida. Tal vez no se trate únicamente de obligar a trabajar en el interior. Tal vez haya que combinar ideas. Pero hay una que parece simple, lógica y posible, que los especialistas viajen. Que existan días, horarios y equipos que se trasladen, como ya sucede en otras áreas, como la oftalmología. En definitiva, cambiar el enfoque, que viajen los sanos no los enfermos. 

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