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Muchas veces pensamos que después de la pandemia íbamos a poder dar pasos seguros para el desarrollo.

Pero vemos hoy cómo el contrabando tranca el avance del sector comercio, industria, transporte, turismo, la verdad que es un problema tras otro. A eso hay que sumarle el de la sequía que si bien se va solucionando en algo en el norte del país, porque al sur claman por agua, bien podemos decir que afecta todo. Pensemos que las cosechas de naranjas, limones y pomelos serán más cortas, las frutas más chicas, menos jugosas por la falta de agua desde hace tanto tiempo que las últimas lluvias no han podido revertir. Por lo que vamos a tener menos horas, menos días de cosecha lo que hará que los zafrales trabajen menos, ganan menos, aporten menos a los organismos estatales y haya menos plata circulando en la plaza comercial salteña. Pero a eso hay que sumarle que también habrá menos pesos en las balanzas de los frigoríficos pues los animales tendrán menos gordura, y si los productores decidieron engordarlos con raciones se endeudaros o bajaron sus ahorros por lo que la ecuación final será peor pues tendrán que pagar más para llegar a quizás los mismos precios.

Lo venimos diciendo también con el tema turismo que es una gran fuente de trabajo para todo Salto, se está quedando luego de la terrible pandemia que dejó dos años a todos en el dique seco. Porque cuando esperábamos que saliera el sol luego del coronavirus volvieron a abrirse los puentes y Argentina con sus ridículos precios y su diaria devaluación de una moneda que no existe complica a todo el litoral que ya no sabe qué hacer para sobrevivir.

Por eso insistimos lo que venimos diciendo, el año que viene habrá elecciones nacionales y muy probablemente ballotage, será interesante que en ese marco y a todas las fuerzas políticas los organismos vivos salteños y del litoral como los centros comerciales, los agremiaciones de trabajadores, de productores, de jubilados, les plantearan la necesidad de planes alternativos para esta región que se está cayendo del país. Los últimos registros dicen que en el Uruguay mejoró el empleo en el trimestre anterior.

Veamos el caso de Rivera, que no es igual pero tiene muchas características similares.

Lo traemos al análisis porque supimos vivir y trabajar en la capital del departamento fronterizo. Rivera se reorganizó sobre una base sólida, todos asumen que Rivera y Livramento son una sola unidad habitacional donde interactúan dos países, dos justicias, dos policías, dos leyes, pero una sola idiosincrasia. Por ejemplo, hay gente que trabaja de mañana en Livramento y de tarde en Rivera, aporta en las dos cajas, tiene doble nacionalidad y doble credencial y vota en ambas elecciones. También se da el hecho de que el comercio se reconoce así mismo como binacional y por caso los uruguayos compran algunos productos del lado brasileño como cocoa o café donde los brasileños son invencibles, pero carne, embutidos, lácteos y hasta yerba del lado uruguayo por la calidad superior, a eso se le agregan prendas de vestir que sirven a veces de un lado, a veces del otro lo que se suma al combustible, a los lubricantes. Todos viven, todos comercializan, nadie se queda atrás, Rivera tiene con los free shops un comercio acentuado. Eso sí, y esta variable es complicada para nosotros que es la estabilidad del peso brasileño, algo que acá es complejo y lo asumimos con el peso argentino. Hace años que anda en ocho o nueve pesos uruguayos el real y para nosotros la realidad es muy diferente.

El otro gran tema es que en Rivera "corrieron" la Aduana y está a la salida de la ciudad por la ruta cinco, o sea que se asume que uruguayos y brasileños compran y consumen en una sola unidad urbana. Un concepto interesante que habría que analizar en mayor perspectiva y con mayor profundidad.

 

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