Salto se pone de pie
- Por Alexander Fagundez
A una semana de cumplirse el primer año de gestión del nuevo gobierno departamental encabezado Carlos Albisu, resulta oportuno realizar un balance serio, objetivo y despojado del ruido político que muchas veces pretende distorsionar la realidad. Más allá de la lógica confrontación partidaria, hay hechos que hablan por sí solos y que permiten afirmar que, en apenas doce meses, Salto comenzó a transitar un camino de recuperación institucional, administrativa y social que parecía lejano.
Gobernar no consiste únicamente en administrar recursos; implica establecer prioridades, ordenar estructuras deterioradas y reconstruir confianza. Ese ha sido, precisamente, uno de los mayores desafíos del actual gobierno. Recibió un departamento profundamente golpeado por años de mala gestión, desorden financiero, pérdida de rumbo estratégico y una alarmante degradación de los servicios esenciales. No puede analizarse el presente sin recordar el punto de partida.
Los dos períodos de gobierno del FA en Salto dejaron un saldo que difícilmente pueda maquillarse con relatos partidarios. Fueron los peores diez años de la historia del departamento. Se consolidó una estructura pesada, burocrática e ineficiente, incapaz de dar respuestas a los problemas cotidianos de la población. La infraestructura se deterioró, los servicios se resintieron y la gestión perdió capacidad de planificación y ejecución. Salto quedó rezagado.
Por eso resulta paradójico observar a dirigentes del FA exigiendo que en un año se resuelvan problemas estructurales que ellos mismos no solo no solucionaron en una década, sino que en muchos casos profundizaron. La crítica política es legítima e incluso necesaria en democracia; lo que pierde legitimidad es la falta de autocrítica.
No se puede reclamar velocidad ignorando la magnitud del daño heredado. Aun así, el gobierno de Albisu ha mostrado resultados concretos. Desde el Ejecutivo departamental se ha trabajado en la recuperación del orden administrativo, en la mejora de servicios y en la reactivación de áreas que durante años permanecieron estancadas. Se ha percibido mayor presencia territorial, mayor capacidad de respuesta y una señal clara de que la gestión volvió a enfocarse en resolver problemas reales de la ciudadanía.
Pero el cambio no ha sido solo desde el Ejecutivo. También desde el ámbito legislativo departamental se ha desarrollado una tarea clave de acompañamiento, contralor y construcción política. Cuando Ejecutivo y Legislativo actúan con responsabilidad institucional, los resultados son visibles.
Un ejemplo claro de esa articulación institucional puede observarse en el área turística, un sector estratégico para el desarrollo económico y la generación de empleo en nuestro departamento. Desde la Comisión de Turismo y Trabajo de la Junta Departamental se ha impulsado activamente el análisis, la propuesta y el intercambio con actores públicos y privados, promoviendo iniciativas orientadas a fortalecer el perfil turístico de Salto. Es importante destacar que la Intendencia ha demostrado apertura al diálogo y capacidad de escucha, recogiendo varias propuestas surgidas tanto de la Comisión como del propio Legislativo. Esa receptividad fortalece la calidad de la gestión y evidencia una forma de gobernar basada en la cooperación institucional y en la construcción colectiva de soluciones.
Por eso, hoy Salto comienza a mostrar señales de mejora en múltiples frentes: obras, orden, planificación y, sobre todo, recuperación de expectativas. Eso no significa desconocer que persisten dificultades. Queda mucho por hacer, porque reconstruir lo que fue deteriorado durante diez años no puede lograrse de forma inmediata. Sin embargo, negar los avances alcanzados en este primer año sería tan injusto como intelectualmente deshonesto.
La ciudadanía percibe el cambio. Y ese es el dato político más relevante: volvió la esperanza. Después de años de frustración, muchos salteños sienten que el departamento recuperó rumbo, liderazgo y visión de futuro. Cuando una comunidad vuelve a creer en sus posibilidades, comienza a reconstruirse desde sus cimientos.
Ese capital social vale tanto como cualquier obra material. El desafío será sostener el ritmo, profundizar las transformaciones y consolidar un modelo de desarrollo que permita a Salto recuperar su protagonismo regional. La recuperación ya comenzó, pero aún requiere trabajo, compromiso y perseverancia.
Ese debe seguir siendo el norte. Renovamos, entonces, el compromiso de continuar trabajando con responsabilidad, firmeza y vocación de servicio, para que Salto vuelva a ser ese gran departamento que alguna vez fue, y que, sin dudas, puede volver a ser.