Se prendió una luz de esperanza. Que nadie la apague, es de todos
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Por Ramón Fonticiella - Ex Intendente de Salto
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Hasta el presidente de la República participó del encendido inicial de esa luz de esperanza que es la Central Hortifrutícola del Norte. Su presencia tiene alto contenido simbólico: es la máxima autoridad elegida por los uruguayos, y en nombre de todos estuvo presente. Tuvo el gesto de ofrecer a un productor comprometido con la obra (Italo Tenca) que cortara la cinta.
Este pareciera ser el texto almibarado de una crónica inaugural, pero no lo es. Cada palabra y cada expresión tienen significado más allá de las convencionales frases lindas. Lo dice quien hace más de veinte años trató de dar forma a la idea inicial de un mercado, que tuvo el intendente que le precedió: el escribano Malaquina. Se ha dicho que la Central es la culminación de doce años de tareas; se quedan cortos, la idea germinal la dio el último intendente batllista del departamento: Malaquina. No necesariamente se pensaba en aquel entonces (más de veinticinco años atrás) en una plataforma acorde a estos tiempos; pero la idea básica era generar un ámbito colectivo de concentración de ventas de los productores lugareños. Malaquina primero, nosotros después tratamos de desarrollar ese escenario nacional para nuestros chacreros.
Lamentablemente vinieron luego años de una administración que permitió hasta que robaran el tejido con que se cercó el predio total (cien mil dólares). Golpes, caídas, ilusiones se fueron confundiendo con operaciones políticas…pero sin concretar nada. Los productores fogonearon el resurgimiento.
Vemos con expectativa, todavía no con certeza, la posibilidad que se cumpla el objetivo: que los productores más limitados, puedan acceder directamente al mercado mayorista y consumidor. El sábado no terminó ningún camino, se inició formalmente el que debe recorrerse para que, en algún momento, haya más venta con menor costo, que se fortalezcan los más débiles, que haya más puestos de empleo y circule dinero con menor dificultad.
Esa es la luz de esperanza de la que habla el título. Es quizás un modesto farol a mecha y queroseno que supo iluminar las casas de los horticultores de antaño, al que hay que proteger de golpes de viento. Por eso pido “que nadie apague esa luz, porque es de todos”. Aún de los que tenemos serias reservas de la forma en que se procesó la iniciativa en los pasados diez años.
Hay dos fundamentos para cuidar la luz: uno es el cumplimiento del objetivo hacia los productores, sus familias y trabajadores; otro que para que la hoy llamada Central se culminara, todo el pueblo uruguayo puso muchísimo dinero. Se habla de 8.000.000 de dólares, unos 320.000.000 millones de pesos que el Estado uruguayo y la Intendencia de Salto pusieron en esa obra. Es mucha, mucha plata DE TODOS, que debe rendir beneficios para todos.
La CENTRAL DEL NORTE no es un trofeo político de nadie. Es una herramienta que debe trabajar la comercialización, fortalecer a los actores y derramar beneficios a quienes pusieron la plata: una vez más el Pueblo Uruguayo. Que se tenga presente: la CHN es de ese Pueblo, que como siempre fue quien invirtió.