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La seguridad dejó de ser hace tiempo una preocupación exclusiva de las páginas policiales. En Salto se ha convertido en una de las principales inquietudes de vecinos, comerciantes y trabajadores. Homicidios, rapiñas, hurtos y episodios violentos forman parte de una realidad que no puede ser reducida a una estadística ni explicada únicamente desde la percepción ciudadana. En las últimas semanas, la reiteración de hechos delictivos volvió a poner el tema en el centro de la discusión. Comerciantes plantearon públicamente su preocupación y mantuvieron una reunión con autoridades policiales y departamentales, reclamando mayor prevención y patrullaje.


Frente a esta realidad, hay una pregunta que debemos formular sin rodeos: ¿quién se está haciendo cargo de la seguridad de Salto?
La conducción de la seguridad pública corresponde al Gobierno Nacional y, particularmente, al Ministerio del Interior. No es razonable trasladar esa responsabilidad a los gobiernos departamentales. Pero tampoco sería suficiente que una Intendencia se limite a señalar que la seguridad no es de su competencia.

Porque gobernar también significa coordinar, prevenir y actuar sobre todos aquellos factores que contribuyen a construir una sociedad más segura. Salto, además, tiene una particularidad que no podemos perder de vista: somos un departamento turístico. La seguridad forma parte inseparable de la calidad del destino. Un visitante que se siente inseguro difícilmente vuelva y, mucho menos, recomiende nuestro departamento.

Por eso es necesario avanzar hacia verdaderos corredores turísticos seguros, especialmente en los accesos, costanera, centro de la ciudad y complejos termales, combinando videovigilancia, iluminación adecuada, patrullaje preventivo y señalización. Esta tarea exige coordinación entre el Gobierno Nacional, la Intendencia, los municipios y el sector privado: hoteles, restaurantes, operadores turísticos y comerciantes también deben formar parte de una estrategia común. Salto ya dispone de una importante infraestructura de cámaras y existen experiencias de operativos específicos en el corredor termal; el desafío es integrarlos en una política permanente de seguridad turística.

Una política moderna de seguridad no puede descansar exclusivamente en aumentar patrullajes después de que ocurre el delito. Necesitamos inteligencia criminal, prevención territorial, videovigilancia, respuesta policial eficaz y una Justicia capaz de sancionar con oportunidad. Pero también necesitamos recuperar espacios públicos, mejorar la iluminación, intervenir en zonas vulnerables y fortalecer la convivencia.
Y necesitamos, además, mirar hacia donde muchas veces termina la discusión: el sistema penitenciario.

El Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) no puede ser considerado simplemente el lugar donde terminan quienes delinquen. Si una persona ingresa al sistema penitenciario y egresa para volver a delinquir, el Estado habrá cumplido parcialmente su obligación. La seguridad también se construye dentro de las cárceles, mediante rehabilitación, educación, capacitación laboral, tratamiento de adicciones y herramientas reales para la reinserción.

La propia realidad de la Unidad Nº 20 de Salto obliga a prestar atención a las condiciones del sistema penitenciario, particularmente frente a problemas de infraestructura, recursos humanos y sobrepoblación. Por eso, Salto necesita una política departamental de seguridad y convivencia, articulada con el Ministerio del Interior, la Jefatura de Policía, Fiscalía, Poder Judicial, INR, INAU, los municipios, las instituciones educativas, el comercio y las organizaciones sociales.

No se trata de que todos hagan lo mismo. Se trata de que cada institución haga lo que le corresponde, pero que nadie trabaje de espaldas al otro.
Como oposición al Gobierno Nacional, debemos tener la responsabilidad de señalar lo que entendemos que está fallando. Pero ser oposición no significa desear que al Gobierno le vaya mal. Significa exigir mejores resultados cuando los ciudadanos sienten que el Estado no está llegando a tiempo.

Y como gobierno departamental, debemos asumir nuestra parte sin excusas: colaborar, prevenir, invertir, coordinar y estar cerca de los vecinos.
La seguridad no puede convertirse en una disputa de competencias entre Montevideo y Salto, ni entre instituciones que se pasan mutuamente la responsabilidad. La gente no necesita saber de quién es la competencia. Necesita poder volver a su casa, abrir su comercio, caminar por su barrio y vivir sin miedo.

La pregunta, entonces, no es solamente quién tiene la responsabilidad. La verdadera pregunta es: ¿estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que Salto sea una ciudad más segura?

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