Siempre es bueno volver a Freire
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Por el Lic. Fabián Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
La pedagogía, según Freire, estudia la educación como un fenómeno amplio, abierto, complejo e integral, tomando conocimientos de otras ciencias o disciplinas; en este sentido, la pedagogía tiene como propósito incorporar a los sujetos en una sociedad determinada que posee características particulares y pautas culturales propias o regionales.
Los contextos de violencia son cada vez más frecuentes y algunos tipos comienzan a naturalizarse; sin embargo, la educación debe cuestionar los mismos y tener como objetivo el mejoramiento social progresivo que permita que el ser humano desarrolle todas sus potencialidades, sus habilidades y sus destrezas a través de la creatividad individual con un fin colectivo.
Por mucho tiempo la educación ha sido utilizada para la satisfacción de las “necesidades” de los grupos de poder o las clases opresoras; “necesidades” que en realidad, son profundas injusticias en cuanto a la desigualdad de oportunidades reales. Las clases oprimidas son las grandes masas de población que a través de la revisión de la historia, han sido controladas, marginadas, explotadas y alineadas a una ideología que en nada les beneficia; todo esto debido a la educación alienante del sistema opresor. La concepción de opresor y oprimido proviene del miedo a la libertad por lo que es necesaria la generación de conciencia para comprender y tener un panorama real de la injusticia, de la insatisfacción social y las situaciones reales de opresión. Asumir el contexto de violencia, visualizar los tipos de violencia que viven los estudiantes se vuelve una tarea a desarrollar en los mencionados contextos.
Freire plantea la situación concreta de opresión y los opresores, la situación concreta de opresión y los oprimidos y que “nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo”, “los hombres se liberan en comunión”. Se menciona que los jóvenes perciben el liceo como un espacio donde con otros están protegidos dando cuenta de la necesidad de protección, protección que depende de otros; tal y como lo dice la dedicatoria del libro La pedagogía del oprimido: “A los desarrapados del mundo y a quienes, descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”. La concepción de Opresores/Oprimidos, tiene una evidente contradicción; ya que una condición depende de la otra; por lo tanto, el opresor no existiría si el oprimido dejara de ser oprimido; por lo tanto, quien debe eliminar de sí la condición de opresión, no es el opresor, sino el oprimido; quien es en todo caso, el que sale desfavorecido. Sin embargo, es el oprimido quien busca ser como el opresor, busca la posibilidad de convertirse en opresor, por lo tanto en su condición de oprimido, se encuentra en una dualidad.
La superación de la contradicción libera y produce “hombres nuevos” que no son ni opresores ni oprimidos; esa es la verdadera liberación. Una vez que se producen hombres nuevos, se plantea la necesidad de la reflexión de las masas; las cuales, a través de la praxis, transforman la realidad; ya que, ninguna realidad se transforma a sí misma; deben ser, los “hombres nuevos”, trabajando en comunidad bajo una clara idea de progreso y desarrollo. En esencia, la pedagogía del oprimido, es la pedagogía de los hombres que se empeñan en la lucha por su liberación.
La pedagogía del oprimido, según lo plantea Freire, es humanista y liberadora, la cual, debería tener dos momentos distintos pero que están sumamente interrelacionados. En primer lugar, el momento cuando los oprimidos descubren el mundo de la opresión y se comprometen con su transformación, y el segundo, cuando una vez transformada la realidad opresora, deja de ser pedagogía del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación, a través de una acción profunda mediante la cual se enfrentará, culturalmente, a la cultura de la dominación. La opresión es en esencia de naturaleza violenta, y quienes ejercen la violencia son los que oprimen o quien instaura la opresión, o sea, los opresores. Sin embargo, para los opresores de forma hipócrita, sitúan a los oprimidos como los “violentos”, los “bárbaros”, los “malvados”, los “feroces”, por lo cual, justifican de esa forma sus “reacciones” violentas. En cambio, de forma consciente o inconscientemente el acto de rebelión de los oprimidos, que siempre es tan o casi tan violento cuanto la violencia que los genera, este acto de los oprimidos si puede instaurar el amor. El opresor no puede generar este cambio, ya que para él, el hecho de que sus oprimidos se liberen significa rebelión; significa que el oprimido le está violentando sus derechos, aun cuando el opresor es quien en realidad los violenta; algo que no puede ver pues según su visión; él es un ser “generoso” que ayuda a los oprimidos por medio de la “caridad”, cuando en realidad, es quien genera la desdicha.