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“Han llegado al deliberativo departamental- una vez más- denuncias concretas con respecto al estado lamentable en que se halla el edificio del mercado 18 de julio, en cuyo interior no se mantienen las más elementales medidas higiénicas. Pese a que en esta oportunidad fue un señor edil quien tuvo palabras de censura para ese mal estado de cosas, no fue adoptada ninguna resolución tendiente a subsanar la deficiencia anotada.”

Corría 1933 cuando cronistas de la época se preguntaban “¿Qué interés hay en mantener en pie un edificio que constituye una rémora edilicia, que es un foco de inmundicias en el que no caben los más elementales principios del aseo público?

Decían del signo lamentable de edificio

El Mercado 18 de julio representa un signo lamentable de retroceso urbano. A cualquier edil que se precie de progresista, ocasionaría un bochorno tolerar el mantenimiento de un mercado público en un edificio en tales condiciones, donde no existe ninguna clase de control higiénico ni sanitario; donde la podredumbre viene desde los propios baños, para llegar adonde se expenden al público los artículos de primera necesidad. ¿Se puede pedir la aplicación rigurosa de las ordenanzas municipales en ese medio insalubre?

Desposeídos de un sentido exacto de la realidad de las cosas, actuando siempre por lo que reza en la letra muerta de los expedientes, no es extraño que los miembros del Concejo local se resignen a la pasividad ante estos importantes problemas de interés público.

“No hay fondos disponibles para obras”

El argumento de “no hay fondos disponibles para obras”, se dijera que constituye toda una fuente de recurso para mantener la tranquilidad de la conciencia edilicia. Y así continúan en la actitud pasiva que es ya una característica del actual ejecutivo municipal, mientras en el corazón mismo de la ciudad, a la vista de propios y extraños, el Mercado 18 de julio levanta sus paredes corroídas, en inminente peligro de derrumbe en un callejón que presenta un aspecto más desmejorador que el de las caballerizas de la antigua estación del tranvía.

Clausurar al Mercado...

¡Hay que decretar la clausura inmediata del Mercado 18 de julio, lugar de hacinamiento de putrefacciones y de ratoneras!
Hace falta la voz enérgica de un edil que sostenga en nombre de la categoría ciudadana que hemos alcanzado el principio de la higiene y el progreso, llamando a la realidad a los demás integrantes del organismo colegiado. Aunque sea, vayamos a las ferias francas; pero es impostergable esta clausura, en bien de la salud pública.”

A raíz de los planteamientos anteriores, días después, Tribuna Salteña informaba que el edil Rodolfo Villar solicitaría la clausura del Mercado, mocionando en la próxima sesión del legislativo “en el sentido que se vaya al cierre del mismo hasta que el municipio esté en situación de realizar las reformas fundamentales que ese local necesita. Como la clausura inmediata del edificio ocasionaría perjuicios a los arrendadores de los puestos, el referido concejal indicará la conveniencia de que le sea otorgado un plazo de 60 días para la desocupación de los mismos. Entendemos que el señor Villar no estará solo en esta cruzada a favor de la salud, de la higiene y del buen nombre de la población. Otros concejales, que han tenido ocasión, en una reciente visita, de constatar personalmente el desaseo y la falta de comodidades que ofrece el Mercado 18 de julio, participan también de la idea de que es necesario tomar de inmediato resolución en este asunto”.

Páginas del Salto del ayer que hoy recordamos.

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