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Este 10 de junio se cumplen 20 años de la inauguración de la primera etapa del Liceo N.º 7 de Barrio Artigas. El profesor Gabriel Scavino recuerda una fecha que no debería pasar desapercibida para los salteños, porque detrás de ese edificio hay una historia de esfuerzo, gestión, compromiso y una comunidad que luchó durante años para hacer realidad un sueño largamente esperado. Dos décadas después, aquella obra sigue siendo mucho más que un centro educativo. Representa una respuesta concreta a una necesidad de cientos de familias de la zona este de la ciudad que reclamaban oportunidades para sus hijos.

Un sueño de los vecinos que se hizo realidad

La creación del Liceo 7 surgió a partir de la demanda de padres y vecinos que veían cómo sus hijos debían recorrer largas distancias para asistir a clases. En aquellos años muchos estudiantes caminaban o se trasladaban en bicicleta hasta el Liceo N.º 3 porque el boleto estudiantil gratuito todavía no existía. Ante esa realidad, la Intendencia de Salto, encabezada entonces por el maestro Ramón Fonticiella, junto a las autoridades de la educación, impulsó un proyecto que terminaría cambiando la vida de toda una generación. Lo que durante años fue un reclamo vecinal terminó convirtiéndose en una realidad.

Un liceo para una zona en constante crecimiento

La zona este de Salto ha tenido un crecimiento sostenido durante décadas y el Liceo 7 se transformó en una pieza fundamental para acompañar ese desarrollo. Miles de estudiantes de los barrios Artigas, Burton, Williams, Goslino, La Chacrita, Uruguay, Nuevo Uruguay y Andresito encontraron allí una oportunidad de formación cerca de sus hogares. La importancia de esta institución queda reflejada en una realidad muy especial: hoy muchos de los jóvenes que asisten al liceo son hijos de aquellos primeros estudiantes que ocuparon sus aulas en el año 2006. Es una muestra clara del impacto que tuvo esta obra en la comunidad.

Una obra construida por funcionarios municipales

Uno de los aspectos más destacados de esta experiencia fue que la construcción fue realizada íntegramente por funcionarios de la Intendencia de Salto. Muchas veces se cuestiona la capacidad de gestión del Estado o el compromiso de los trabajadores públicos. Sin embargo, esta obra demostró que cuando existe planificación, capacidad técnica y responsabilidad, los resultados pueden ser excelentes. Según recordó el entonces director de Obras, el arquitecto Rogelio Texeira, los rendimientos obtenidos fueron similares e incluso superiores a los alcanzados por empresas privadas. Además, se logró una reducción cercana al 40% en los costos de construcción respecto a los valores que manejaba la ANEP para obras similares.

La participación de los vecinos

El Liceo 7 también fue una construcción colectiva. Los vecinos participaron activamente en distintas etapas del proyecto y acompañaron cada avance con entusiasmo. Incluso antes de la inauguración colaboraron con acciones simbólicas como la plantación de árboles en el predio, fortaleciendo el sentido de pertenencia que todavía hoy caracteriza a la institución. Por eso, para muchas familias del barrio, el liceo es mucho más que un edificio. Es parte de su propia historia.

Una experiencia que se consolidó

El éxito de la primera etapa permitió que en 2007 se inaugurara el resto del edificio. Nuevamente la Intendencia de Salto estuvo a cargo del proyecto, la dirección y la ejecución de la obra, logrando además el respaldo y la confianza de las autoridades nacionales de la educación. Aquello confirmó que el resultado obtenido no había sido una casualidad, sino la consecuencia de una forma de gestionar basada en la eficiencia y el compromiso con las necesidades de la población.

Una obra que dejó enseñanzas

Más allá de las discusiones políticas que siempre existen, hay obras que terminan hablando por sí solas. El Liceo 7 es una de ellas. Durante estos 20 años miles de jóvenes tuvieron la posibilidad de estudiar más cerca de sus hogares, cientos de familias encontraron una respuesta a una necesidad histórica y toda una zona de la ciudad fortaleció sus oportunidades de crecimiento. Junto a otras iniciativas impulsadas durante aquellos años, como el Hogar Estudiantil de Valentín, los programas de Vivienda Digna o el Centro de Atención Ciudadana de Barrio Artigas, esta obra dejó una enseñanza que sigue vigente. Que cuando existe capacidad de gestión, planificación y compromiso con la comunidad, lo público también funciona. Y a veinte años de su inauguración, el Liceo 7 de Barrio Artigas sigue siendo una prueba viva de ello.

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