Carta del Lector /
“¿Quien no se ha olvidado alguna vez de pagar un impuesto?”
Cuando quienes gobiernan relativizan el incumplimiento de las obligaciones, debilitan la autoridad moral para exigir sacrificios al resto de los uruguayos. Claro que cualquier ciudadano puede olvidarse de una obligación. Nadie discute que los errores existen. Lo que resulta indignante es que ese olvido se convierta en una excusa aceptable cuando proviene de quienes tienen la responsabilidad de conducir el Estado y de exigirle a todos los demás el cumplimiento de las normas.
Porque mientras desde los despachos oficiales se relativiza un incumplimiento, hay miles de uruguayos que cada mañana levantan la persiana de su comercio, un taller, una panadería o un pequeño almacén y viven con la permanente presión de estar al día con todo. Deben cumplir con la DGI, el BPS, Primaria, Bromatología, habilitaciones, permisos, inspecciones y un sinfín de requisitos. Saben que cualquier atraso puede significar multas, recargos o la imposibilidad de seguir trabajando.
Para el ciudadano común no existe el beneficio de la comprensión pública ni la posibilidad de que un coro de dirigentes salga a decir que "a cualquiera le puede pasar". Al contrario. Se le exige responsabilidad, previsión y cumplimiento estricto de sus obligaciones.
Por eso resulta tan ofensivo minimizar una situación de este tipo. No porque se pretenda que los gobernantes sean infalibles, sino porque se espera de ellos una conducta superior. Quien tiene la potestad de hacer cumplir la ley debe ser el primero en cumplirla, sin excusas ni relativizaciones.
Lo verdaderamente grave es el deterioro institucional que provoca instalar la idea de que ciertas obligaciones pueden relativizarse según quién sea el responsable. Esa lógica erosiona la confianza pública y alimenta la sensación de que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.
Uruguay necesita menos excusas y más ejemplo. Menos justificaciones y más responsabilidad. Porque la autoridad moral del Estado no se sostiene únicamente con leyes, decretos o controles. Se construye con la conducta de quienes tienen el privilegio y la obligación de gobernar. Espadachín.