Catorce investigaciones a su favor: ¿control o persecución?
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Por Pedro Rodríguez
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Hace unos días comenzó un nuevo proyecto particular en Salto. El cirujano Martín Salvatierra anunció que empezará a atender consultas privadas orientadas a valoración, seguimiento, asesoramiento y segunda opinión médica. Un espacio pensado para la gente, con cercanía, sin demoras y con claridad. Algo que, en cualquier lugar, sería motivo de reconocimiento. Pero acá, en nuestro departamento, la noticia deja un sabor distinto.
Porque detrás de este paso también hay otra historia. Una historia larga, pesada, difícil de entender para quien mira desde afuera. Hoy mismo, durante toda la mañana, ayer en el hospital se toman declaraciones a funcionarios , y al mismo galeno, por denuncias que ya habían sido tratadas y que en su momento no prosperaron. Sin embargo, vuelven a aparecer. Vuelven a instalar dudas. Vuelven a generar ruido.
Y uno se pregunta: ¿hasta cuándo?
No estamos hablando de cualquier profesional. Estamos hablando de un cirujano formado, con experiencia, con reconocimiento en su área, especialmente en cirugías complejas vinculadas al cáncer. Un médico que, guste o no, ha sido señalado por muchos como uno de los más capacitados en su especialidad en Salto, y al norte del Rio Negro . Sin embargo, lejos de ser respaldado, ha tenido que enfrentar una seguidilla de investigaciones administrativas. Catorce, según fuentes confiables. Todas con resultados favorables hacia él. Entonces, la pregunta cae por su propio peso: ¿Qué es esto? ¿Control necesario o desgaste innecesario? ¿Garantías institucionales o una forma de presión?
No hace falta ser experto para darse cuenta de que algo no está bien
Porque cuando un profesional pasa más tiempo defendiéndose que trabajando, cuando tiene que demostrar una y otra vez lo mismo, cuando se lo expone públicamente sin resultados en su contra, el mensaje que se envía es claro: acá el problema no es la medicina, es otra cosa.
Y mientras tanto, la salud pública pierde.
Pierde tiempo, pierde energía, pierde recursos y, lo más grave, puede perder a un médico que se preparó para salvar vidas. Porque hay un límite. Porque nadie está obligado a soportar indefinidamente un clima de tensión, de dudas permanentes, de desgaste emocional. El propio Salvatierra, según se ha sabido, ha seguido adelante con su trabajo, ha sorteado obstáculos y ha mantenido su vocación. Pero también es cierto que hoy su proyecto privado avanza, crece y le ofrece estabilidad. Y eso abre una posibilidad concreta, que decida dar un paso al costado en la salud pública. Si eso ocurre, la pérdida no es personal. Es colectiva. Es de cada paciente que espera una cirugía. Es de cada familia que necesita una respuesta. Es de un sistema que debería cuidar a sus profesionales, no empujarlos al límite.
Esto es un tema de todos
Se habla mucho de calidad en la atención, de mejorar servicios, de fortalecer la salud pública. Pero esas palabras pierden sentido cuando los hechos muestran otra realidad. Cuando quienes están preparados y comprometidos terminan siendo cuestionados una y otra vez sin fundamentos sólidos. También hay algo que no se puede ignorar, el rol de algunos funcionarios. Esos que, muchas veces en silencio, operan, presionan o simplemente miran para otro lado. Defender un cargo no puede estar por encima de garantizar una buena atención a la gente. Porque al final del día, esto no es una interna médica. Esto es un tema de todos.
Hoy Salto está frente a una situación que duele y preocupa
Un profesional que podría estar enfocado en operar, en atender, en mejorar la vida de las personas, está envuelto en un escenario de denuncias, audiencias y desgaste. Entregando recetas en una policlínica, mientras el discurso dice administrar bien los recursos humanos. Y mientras tanto, la gente observa. Observa y toma nota. Porque más temprano que tarde, la verdad sale a la luz. Y cuando eso pase, habrá que hacerse cargo. De las decisiones, de los silencios y de las consecuencias. Ojalá no sea tarde. Ojalá no tengamos que lamentar haber dejado ir a alguien que hacía falta. Porque en salud, perder tiempo es grave. Pero perder buenos profesionales, es todavía peor.
"... cuando tenés al mejor jugador en el plantel..."
Y para decirlo en términos bien nuestros, bien de fútbol, cuando tenés al mejor jugador en el plantel, no lo mandás al banco ni lo desgastás con problemas internos. Lo cuidás, lo respaldás y lo dejás jugar, porque es el que te puede ganar el partido. Si no, después no hay excusas: el resultado ya lo conocemos todos.