¡Cómo cambian las cosas los años!
-
Por Leonardo Vinci
/
joselopez99@adinet.com.uy
Hay un viejo y célebre tango que reza con amarga sabiduría «cómo cambian las cosas los años», y pocas veces esa sentencia ha calado tan hondo en la realidad política como en la trayectoria histórica de la izquierda uruguaya. Desde los albores de la década del setenta y de forma intensiva tras la recuperación institucional del país, los discursos fundacionales del conglomerado progresista machacaban de forma incesante con idénticos dogmas ideológicos. Se escuchaba siempre la misma cantinela pregonada con fervor mesiánico: la ruptura total y el no pago de la deuda externa, la expulsión inmediata del Fondo Monetario Internacional, el repudio rotundo a los capitales e intereses del imperialismo norteamericano, la estatización y nacionalización de todo el sistema bancario, el control absoluto del comercio exterior y una profunda reforma agraria destinada a pulverizar y limitar drásticamente el área productiva en manos de propietarios particulares.
MENTIRAS
¿Qué queda hoy de aquel ampuloso y radical discurso sesentista que prometía una revolución inminente y un cambio estructural radical? Absolutamente nada. El tiempo transcurrió inexorable y, al alcanzar por fin la máxima magistratura y las responsabilidades de gobierno, la dirigencia frenteamplista hizo exactamente lo contrario de lo que predicó durante décadas, consumando un giro copernicano que dejó al desnudo la profunda impostura de sus proclamas juveniles. En lugar de repudiar los compromisos financieros internacionales, pagaron rigurosamente la deuda externa bajo estrictas normas de cumplimiento. Lejos de cerrar las puertas a los organismos multilaterales, pasaron a intercambiar cálidos elogios con las autoridades del Fondo Monetario Internacional, al que recibieron de brazos abiertos y con beneplácito fiscal.
PROMESAS INCUMPLIDAS
El panorama económico tampoco guardó relación alguna con las promesas de barricada. Lejos quedó la pretendida banca estatal única: hoy en día, la totalidad de los principales bancos del sistema financiero son de capital extranjero, operando con total normalidad bajo las reglas del libre mercado global. En cuanto a la propiedad de la tierra y la tan mentada soberanía agraria, las extensiones territoriales más vastas del suelo nacional terminaron concentradas en manos de gigantescas corporaciones transnacionales dedicadas a la celulosa y las papeleras, convalidando un modelo agroexportador de corte capitalista clásico que antes demonizaban con furia dialéctica.
EL IMPERIALISMO
¿Y qué ha ocurrido con el latiguillo recurrente del antiimperialismo? La incongruencia histórica alcanzó ribetes insospechados cuando, en momentos puntuales de rispidez diplomática regional, se recurrió de manera silenciosa a solicitar la disuasión de potencias extranjeras ante eventuales conflictos con la Argentina. En tiempos recientes, la conducta pragmática llegó al extremo de visitar formalmente portaaviones y flota de la Armada estadounidense en aguas del sur, además de negociar con absoluta reserva y en riguroso silencio el destino de los deportados por la administración norteamericana.
PREGUNTAS QUE MERECEN RESPUESTAS
Ante este inocultable inventario de promesas vacías y principios sepultados por el ejercicio pragmático del poder, surge una imperiosa interpelación moral e intelectual hacia las nuevas generaciones. Aquellos jóvenes idealistas que hoy en día continúan ingresando a la militancia, encandilados por los persistentes cantos de sirena y sistemáticamente adoctrinados en los claustros y centros de estudio universitarios, tendrían el legítimo deber histórico de interrogar a sus formadores y dirigentes. Deberían exigirles respuestas claras sobre estas profundas contradicciones, consultarles los motivos reales de tantas falsedades dogmáticas y averiguar por qué los sagrados ideales de ayer se convirtieron, sin anestesia ni autocrítica sincera, en un cúmulo de eslóganes descartables archivados para siempre en el cómodo baúl de los recuerdos y la desmemoria colectiva.