Cuando un gremio olvida a quién debe defender
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
La reciente declaración de la Secretaría de Género y Feminismos de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), cuestionando la actuación del periodista Leonardo Pereyra durante una entrevista a la senadora Bettiana Díaz, constituye un episodio tan preocupante como revelador. No por la polémica generada en torno a una pregunta determinada, sino porque vuelve a poner sobre la mesa una interrogante fundamental: ¿cuál es la función de un gremio de periodistas?
EL GREMIO DEBE DEFENDER LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
La respuesta debería ser sencilla. Un gremio de prensa existe para defender la libertad de expresión, la independencia profesional y el derecho de los periodistas a realizar su trabajo sin presiones políticas, económicas o corporativas. Sin embargo, en esta oportunidad, APU parece haber optado por recorrer el camino inverso: cuestionar públicamente a un periodista por ejercer precisamente aquello que define a la profesión, que es preguntar. Puede discutirse si una pregunta fue pertinente, incisiva, incómoda o incluso inoportuna. Lo que resulta inadmisible es que una organización que representa a trabajadores de la prensa emita un comunicado que termina señalando a un periodista por el contenido de una entrevista realizada a una figura pública. Porque Bettiana Díaz no es una ciudadana común. Es una senadora de la República, una representante nacional, una dirigente política que participa activamente del debate público y que, además, utiliza las redes sociales como herramienta de comunicación.
POLÍTICOS BAJO LA LUPA DE LOS PERIODISTAS
En democracia, los políticos están sujetos al escrutinio permanente de la prensa. Esa es una regla básica del sistema republicano. Los periodistas preguntan y los entrevistados responden, se niegan a responder o explican por qué consideran improcedente una consulta. Lo que no corresponde es que terceros pretendan establecer cuáles son las preguntas aceptables y cuáles no. Más preocupante aún es la sensación de que APU termina colocándose del lado de una dirigente política en detrimento de un colega. Esa percepción no surge únicamente de quienes observan desde afuera. Fueron numerosos periodistas los que expresaron públicamente su rechazo al comunicado. Algunos de ellos, incluso afiliados al propio gremio, manifestaron su sorpresa y decepción ante una postura que interpretan como una defensa de una legisladora y no de un trabajador de la prensa.
EL PROBLEMA DE FONDO
El problema de fondo es que se instala una lógica peligrosa. Si cada pregunta incómoda puede ser catalogada como una forma de violencia política o una manifestación de sesgos estructurales, el periodismo corre el riesgo de quedar atrapado en un terreno donde el cuestionamiento a los poderosos se vuelve sospechoso. Y sin preguntas incómodas no existe periodismo libre. Nadie desconoce que las mujeres en política enfrentan desafíos específicos y situaciones de discriminación que deben ser combatidas con firmeza. Pero tampoco puede aceptarse que ese argumento se utilice para desacreditar el ejercicio legítimo de una entrevista. Una democracia saludable necesita combatir cualquier forma de violencia, pero también necesita preservar la libertad de preguntar, investigar y cuestionar.
REACCIÓN DESAFORTUNADA
La reacción de APU resulta especialmente desafortunada porque transmite un mensaje equivocado a la sociedad y a los propios periodistas. En lugar de respaldar el derecho de un profesional a desarrollar su labor, parece sugerir que determinadas figuras políticas merecen una protección especial frente al cuestionamiento periodístico. Muchos periodistas no comparten esa visión. Tampoco quienes creemos que la independencia profesional constituye el valor más importante del oficio. Personalmente, no integro APU. Pero si esta es la línea que el gremio pretende sostener, difícilmente pueda despertar simpatías entre quienes consideran que la misión principal de una asociación de prensa es defender periodistas y no fiscalizar sus preguntas. La libertad de prensa no se fortalece protegiendo a los gobernantes de las preguntas incómodas. Se fortalece garantizando que los periodistas puedan formularlas sin temor a ser estigmatizados por quienes deberían ser sus primeros defensores. Por eso, la actuación de APU en este episodio no solo es equivocada. Es profundamente lamentable.