Desarrollo Social y Mides /
Trabajo conjunto en territorio: una señal política valorada
El Director de Desarrollo Social de la Intendencia de Salto, Facundo Marziotte, destacó como un “muy buen gesto” el trabajo coordinado que se viene realizando con el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), que en el departamento es dirigido por Jorge Vaz Tourem. Ambos jerarcas coincidieron en que el trabajo codo a codo, aun perteneciendo a signos políticos diferentes, constituye una señal positiva hacia la ciudadanía y un mensaje claro de que las políticas sociales deben estar por encima de las banderas partidarias. Según señalaron, la articulación institucional permite optimizar recursos, evitar superposiciones y, sobre todo, llegar de forma más directa a las realidades que atraviesan los sectores más vulnerables de Salto. En ese marco, se vienen desarrollando jornadas territoriales que buscan escuchar a los vecinos y evaluar el funcionamiento de los distintos dispositivos sociales.
Cambios en la política alimentaria: del reparto de viandas a comedores fijos
Uno de los puntos centrales en los que se está trabajando con mayor intensidad es el vinculado a la alimentación. Desde Desarrollo Social y MIDES se explicó que se está implementando un plan piloto que apunta a eliminar progresivamente la entrega de viandas, promoviendo en su lugar la asistencia a comedores fijos.
La iniciativa busca fortalecer estos espacios como ámbitos no solo de alimentación, sino también de contención y referencia comunitaria. La idea, según se indicó, es que los comedores se conviertan en puntos estables donde las personas puedan acceder a un plato de comida en condiciones adecuadas, con mayor control y organización.
No obstante, esta propuesta ha generado debate y cuestionamientos desde distintos ámbitos, especialmente en lo que respecta a la realidad concreta de muchas personas que hoy reciben alimentos.
La mirada crítica de la diputada Natalia Pigurina
Ante este escenario, la diputada Natalia Pigurina dio a conocer su opinión sobre la jornada territorial de Desarrollo Social y MIDES, combinando reconocimiento y una fuerte advertencia sobre los riesgos de determinadas decisiones.
“Quiero comenzar felicitando que se esté haciendo trabajo en territorio y escuchando a los vecinos. Eso es fundamental. Así es como se debe gobernar: en contacto directo con la realidad y no desde un escritorio”, expresó la legisladora, valorando el enfoque territorial que se está impulsando.
Sin embargo, Pigurina consideró necesario decir “algunas verdades que muchos prefieren callar”, poniendo el foco en el funcionamiento real de los comedores en los barrios.
Comedores barriales: baja concurrencia y un problema que no es el hambre
Según la diputada, hoy el único comedor que funciona de manera adecuada es el del centro, fundamentalmente porque la mayoría de quienes concurren son personas en situación de calle que no cuentan con un hogar. En cambio, en los barrios, el sistema presenta serias falencias.
“Estamos hablando de comedores que preparaban 200 viandas y apenas concurrían 30 personas, y en algunos lugares solo 14. ¿De verdad alguien cree que eso es porque no hay hambre?”, se preguntó, cuestionando la interpretación que se hace de esos números.
Para Pigurina, la baja asistencia no es sinónimo de ausencia de necesidad, sino el reflejo de obstáculos físicos, de salud y de accesibilidad que muchas veces no se tienen en cuenta al diseñar las políticas.
Historias que duelen y realidades invisibles
La legisladora compartió una experiencia personal que, según sus palabras, “te parte el alma”. Relató el caso de una señora mayor que asiste a un comedor barrial y que le confesó que debía tomar pastillas para poder concurrir, ya que luego de comer y regresar caminando a su casa, con el estómago lleno, se descompensa.
“Y como ese caso, hay muchos más”, aseguró Pigurina, ampliando la mirada hacia niños, personas con problemas de salud y vecinos con dificultades motrices. Salir al mediodía, bajo un sol intenso, comer y volver caminando no siempre es una solución: para muchos, es un sacrificio físico que termina alejándolos del sistema.
“Dejen las dos modalidades”: una propuesta concreta
Frente a este panorama, la diputada fue clara en su planteo: mantener ambas modalidades. “El que quiera comer en el comedor, que coma ahí. El que no pueda o no esté en condiciones, que pueda retirar su comida”, resumió, apelando a una lógica simple y profundamente humana.
Reconoció que es necesario controlar para evitar abusos o “avivadas”, pero sostuvo que el Estado cuenta con herramientas suficientes para hacerlo, como visitas y evaluaciones sociales. “Lo que no podemos seguir permitiendo es que la gente pase hambre cuando los recursos existen. No hay ninguna justificación”, enfatizó.
Política social al servicio de la gente
Pigurina cerró su reflexión expresando el deseo de que el trabajo territorial sirva realmente para corregir lo que está mal y no para profundizar decisiones alejadas de la realidad cotidiana. “La política social tiene que estar al servicio de la gente”, afirmó.
El desafío, queda claro, no es solo coordinar entre instituciones o cambiar modalidades, sino escuchar con atención a quienes viven día a día las consecuencias de esas decisiones. Allí, en el territorio, se juega la verdadera eficacia de las políticas sociales.
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