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En tiempos en que las carreras vinculadas a la informática y la programación acaparan el interés de los jóvenes, Diego Da Silva D´alloglio decidió recorrer un camino diferente, el de la mecánica industrial. Desde la sede de la UTU en Salto, este estudiante avanza en su formación como maestro técnico mecánico industrial, con la convicción de que los oficios manuales siguen siendo imprescindibles en una sociedad cada vez más automatizada.

“Siempre estuve involucrado en la parte mecánica”, comenta Diego. “Hice electromecánica, mecánica industrial y ahora estoy cursando para ser maestro técnico. Me gusta la idea de compartir lo que aprendí y ayudar a otros a trabajar en algo que les apasione”. Su entusiasmo es contagioso y su discurso deja en claro que detrás de cada máquina, por moderna que sea, sigue habiendo una persona capaz de repararla, mantenerla y comprenderla.

La importancia del conocimiento práctico

En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, Diego reflexionó sobre el papel que tienen los técnicos en un mundo dominado por la tecnología digital. “Es importante estar siempre actualizado”. “En la parte automotriz, por ejemplo, la inyección electrónica avanza muy rápido. Pero la persona que mete mano siempre va a estar, el técnico que evalúa, desarma y repara es imprescindible”.

El entrevistador coincidió con él, recordando que incluso los automóviles más modernos necesitan del criterio humano. “Hoy uno lleva un auto a un taller y lo primero que hacen es enchufarlo a una computadora”, señaló. Pero Diego matiza, “Eso no alcanza. La computadora te da valores, te orienta, pero hay que saber interpretarlos. Si un sensor marca una discontinuidad, hay que entender si el problema está en el sensor o en el cableado”.

Así, la carrera que cursa no sólo exige habilidades mecánicas, sino también conocimientos de informática y de nuevas tecnologías. Un mecánico industrial moderno debe saber de soldadura, hidráulica, neumática, materiales y procesos automatizados. “El abanico de temas es amplio”, explica, “y uno termina especializándose según el área que más le interese”.

Entre la teoría y la práctica

Diego destaca el equilibrio entre lo que aprende en las aulas y la experiencia que adquiere en talleres o industrias. “La educación te da lo teórico y lo básico”, dice, “pero después está en uno prepararse más, investigar, practicar. Las fallas son infinitas, por eso es importante tener curiosidad y seguir aprendiendo”. Sin embargo, lamenta que las carreras técnicas no siempre reciban el apoyo que merecen. “Se habló hace unos meses de que podrían eliminarse varias carreras por falta de estudiantes”. “Entre ellas, maestro técnico en mecánica industrial. Es una pena, porque hay pocos alumnos, pero mucha demanda laboral”.

Una carrera con futuro, aunque pocos lo vean

La falta de interés de los jóvenes por estas formaciones preocupa tanto a docentes como a estudiantes. “Mucha gente cree que es complicado o que no tiene futuro”, reflexiona Diego. “Pero yo creo que se debe a que ahora está de moda estudiar programación o diseño. Se deja de lado la parte manual, cuando en realidad hay mucho trabajo”. Pese a la baja matrícula, su generación mantiene la esperanza. “Nos dieron la tranquilidad de que podremos terminar la carrera”. “Pero si no hay nuevos ingresos, los cursos podrían cerrarse. Ojalá resurjan, porque es una formación muy valiosa”.

Adaptarse a la modernidad sin perder el oficio

Diego entiende que la automatización y la robótica avanzan sin pausa, pero insiste en que siempre será necesario el conocimiento humano. “Los tornos CNC, por ejemplo, programan piezas en serie, pero si se rompe un eje de moto, hay que ir al tornero. Ese trabajo manual no desaparece. Lo importante es mantenerse actualizado y conocer los nuevos materiales y herramientas”.

El periodista recuerda el caso de un técnico salteño que llegó a fabricar piezas de impresoras de diario con plásticos duros, en lugar de metal. “Ese tipo de personas no puede desaparecer”, dice. “Son los que entienden el funcionamiento de las máquinas y saben improvisar soluciones”. Diego asiente, “Exactamente. Son buenos técnicos porque interpretan cómo funciona un mecanismo y piensan con anticipación dónde puede fallar. Usan nuevos materiales y logran igual o mejor resultado”.

Un mensaje para las nuevas generaciones

Más allá de su pasión por la mecánica, Diego tiene una visión clara sobre la educación. “La mejor herramienta que tenemos para progresar es el estudio”, asegura. “Sea informática, mecánica o lo que a uno le guste, lo importante es formarse. Estudiar algo que te motive y vivir de eso”. El periodista coincide plenamente: “La educación no sólo mejora la situación económica, también la social. Muchos jóvenes humildes, gracias al estudio, lograron un buen nivel de vida”. Diego asiente convencido: “Hay muchos ejemplos de eso. Personas que estudiaron, se superaron y hoy trabajan cómodos gracias al esfuerzo”.

Entre la pasión y el futuro laboral

La importancia del esfuerzo y la constancia. “He visto a muchos inteligentes fracasar, y a los trabajadores y perseverantes triunfar”. Diego sonríe y responde, “Sin dudas. Pero si además se tiene inteligencia, suma”. La conversación termina con una invitación a reflexionar. En un país donde muchas máquinas aún pertenecen a las décadas de los 80 y 90, y donde el mantenimiento técnico sigue siendo esencial, la mecánica industrial representa no sólo una salida laboral, sino también una forma de mantener viva la cultura del trabajo manual y el ingenio.

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