Doña Bastarda
-
Por Leonardo Vinci
/
joselopez99@adinet.com.uy
El carnaval se celebra tradicionalmente en los días previos al inicio de la Cuaresma cristiana, que comienza con el Miércoles de Ceniza y cuya fecha varía entre febrero y marzo. Se trata de una fiesta popular marcada por los disfraces, los desfiles y la ocupación festiva del espacio público. Más allá de las particularidades regionales, el carnaval ha sido históricamente un tiempo de permisividad, desahogo y cierta transgresión. En nuestro país, uno de los principales atractivos del carnaval son las murgas, un género coral, teatral y musical integrado generalmente por entre 13 y 17 integrantes, acompañados por bombo, platillos y redoblante.
Durante décadas, las murgas supieron ejercer una crítica mordaz y sin concesiones sobre los acontecimientos del año, burlándose por igual de figuras de la política, el deporte y el espectáculo. Sus espectáculos —estructurados en presentación, popurrí, cuplés y despedida— tenían como esencia hacer reír y decir lo que otros callaban. La sátira, la burla y la picardía eran su marca distintiva.
Sesgo político evidente
Con el paso del tiempo, sin embargo, ese espíritu se fue perdiendo. Tras la recuperación democrática, y amparadas en el disfraz, la cara pintada y el financiamiento proveniente —directa o indirectamente— de sectores de la izquierda, muchas murgas abandonaron la sátira amplia y se adueñaron del carnaval con un sesgo político evidente.
Politización escandalosa
La politización alcanzó niveles escandalosos. Los conjuntos comenzaron a cantar para una sola tribuna ideológica, atacando a gobiernos blancos y colorados de décadas pasadas mientras omitían toda referencia crítica a las administraciones frenteamplistas. Así, pese a recibir millones de pesos de todos los uruguayos a través de organismos estatales como Antel, el carnaval dejó de ser una fiesta plural para transformarse en un instrumento de propaganda.
Maquillaje de injurias
Lo peor de la sociedad terminó ocupando el centro de la fiesta popular. Bajo el disfraz del humor se maquillaron injurias, el escenario se utilizó para denigrar y todo pareció válido detrás de las lentejuelas y el maquillaje. Son, al fin y al cabo, los mismos de siempre, repitiendo desde hace años idénticos métodos.
Primero No apto para todo publico
Cuando parecía que los límites ya habían sido largamente superados, irrumpió la murga “Doña Bastarda”, redoblando la apuesta. Tal fue el tenor de su libreto que el propio INAU lo calificó inicialmente como “no apto para todo público”. No obstante, tras presiones difíciles de explicar, el organismo resolvió revertir esa decisión.
Segundo apto para todo publico
Según un comunicado oficial, luego del descargo presentado por la murga, los técnicos revisaron el texto y modificaron la calificación, declarándolo finalmente apto para todo público. La decisión generó una fuerte polémica, especialmente luego de que la calificadora Graciela Bonda advirtiera que un pasaje del libreto promovía la violencia y contenía amenazas físicas, verbales y psicológicas. El fragmento en cuestión —que alude explícitamente a encierros y exterminio— pasó, como por arte de magia, de ser considerado inapropiado a resultar aceptable incluso para niños que concurran a los tablados. “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”.