La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

María de los Ángeles Oliveros Rodríguez es profesora de literatura y, desde hace algunos años, también profesora de yoga. Sin embargo, su vínculo con esta disciplina milenaria no es reciente ni circunstancial, comenzó a practicar yoga a los quince años y nunca dejó de hacerlo. En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, compartió su recorrido personal, su mirada sobre el yoga y los beneficios que esta práctica aporta a la vida cotidiana.

“Uno no deja de ser profesor nunca”. Aunque hoy su actividad principal esté vinculada al yoga, su formación docente atraviesa todas sus prácticas. Enseñar, acompañar y generar conciencia son ejes comunes tanto en el aula como en el yoga.

Una práctica que nace en la juventud y se consolida con los años

La adolescencia de María de los Ángeles transcurrió en los años ochenta, una época marcada por la herencia del movimiento hippie, la búsqueda espiritual y el interés por una vida más natural. En ese contexto, el yoga apareció como una práctica que integraba cuerpo, mente y espíritu.

Durante muchos años practicó yoga de manera personal, hasta que decidió formarse profesionalmente. Su formación comenzó en Salto, junto a Andrea Semenchuk, y continuó con Romy y Luciano, responsables del Instituto Sol y Luna. Oliveros destaca la importancia de reconocer de dónde proviene su aprendizaje y valora profundamente haber podido formarse sin salir de su ciudad.

Sus primeros pasos como docente los dio ayudando en clases, colaborando cuando era necesario, y ganando experiencia de manera gradual. “Fue algo tan placentero que continúa siéndolo”.

El yoga como conciencia, no como acrobacia

Para Oliveros, el yoga va mucho más allá de realizar posturas físicas. “No se trata solo de hacer, sino de estar consciente de lo que estoy haciendo en ese momento”, explica. La práctica implica respirar, sentir el cuerpo y alinear la mente con el movimiento.

Desde su perspectiva, la postura corporal refleja el mundo interior. Hombros caídos, tensiones o rigidez no son solo cuestiones físicas, sino manifestaciones de estados mentales y emocionales. El yoga, entendido como unión tal como lo indica el significado de la palabra integra cuerpo y alma en una misma experiencia.

“No es una gimnasia más”. Es una disciplina que invita a vivir de forma más consciente, a cuidarse, a alimentarse mejor, a observar qué se escucha, qué se ve y cómo se habita el propio cuerpo.

Una disciplina accesible, pero profunda

María de los Ángeles aclara que el yoga no es una religión, aunque sí requiere compromiso. Cada persona puede practicarlo a su manera: de forma superficial o integrando sus múltiples dimensiones. Con el tiempo, quienes comienzan sin conciencia van desarrollándola, casi sin darse cuenta.

“Uno empieza a practicar yoga y la vida cambia sola”. No se trata de imponerse transformaciones, sino de permitir que la práctica influya en la manera de vivir, de relacionarse con el tiempo y con uno mismo.

Clases adaptadas a cada persona

En su trabajo como docente, Oliveros pone especial énfasis en la personalización. No existe una clase de yoga universal, cada grupo y cada persona requieren una propuesta distinta. Dolencias, prótesis, enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes son tenidas en cuenta a la hora de planificar cada encuentro.

Las posturas invertidas, por ejemplo, requieren especial cuidado en personas hipertensas. “Dos o tres respiraciones pueden ser suficientes”, explica, destacando la importancia de escuchar el cuerpo y respetar los límites individuales.

Actualmente dicta clases en la Plaza de Deportes, tres veces por semana, y también en su casa. Aunque los grupos pueden ser numerosos, intenta brindar atención personalizada y fomentar la responsabilidad individual.

Yoga para todas las edades

Una de las certezas que sostiene es que el yoga puede practicarse a cualquier edad. Su experiencia reciente con niños, en el marco de la colonia de vacaciones de la ACJ, fue especialmente reveladora. Trabajó con niñas y niños de entre tres y seis años, una experiencia que describe como desafiante y fascinante.

La espontaneidad, la curiosidad y la flexibilidad natural de los niños le permitieron descubrir nuevas formas de enseñar. “Aprenden jugando, preguntan, observan todo”.

También participó en experiencias de yoga y relajación en el agua, dirigidas a personas mayores, demostrando que la disciplina puede adaptarse a múltiples contextos y necesidades.

El yoga como complemento de la medicina

Consultada sobre el yoga como alternativa o complemento de la medicina tradicional, Oliveros responde con cautela pero convicción. Considera que la práctica ayuda a calmar la ansiedad, a observarse con mayor objetividad y a reducir estados de tensión que muchas veces derivan en malestares físicos.

Prácticas como el yoga nidra, centradas en la relajación profunda, permiten “verse desde afuera”, disminuir el dramatismo y recuperar el equilibrio emocional. En un mundo acelerado, detenerse una hora al día puede marcar una diferencia significativa.

La conciencia en lo cotidiano

María de los Ángeles subraya que meditar no es exclusivo de un espacio silencioso o una postura específica. “Se puede meditar lavando los platos”. Cualquier actividad realizada con plena atención se convierte en una forma de meditación.

Concentrarse en una sola cosa, vivir el presente y habitar el cuerpo con conciencia son, para ella, los mayores aprendizajes del yoga. Un camino sencillo en apariencia, pero profundamente transformador.

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte