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Salto atraviesa un período complejo, donde las emergencias se suceden casi a diario. Incendios rurales y urbanos, enchorradas, basurales, altas temperaturas y precariedad habitacional conforman un escenario desafiante para el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales. Su coordinador, Aquiles Mainardi, en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa analizó las causas, los riesgos y el rol que debe asumir tanto el Estado como la ciudadanía.

Uno de los puntos centrales de su mensaje fue, el factor humano es determinante. Si bien existen condiciones climáticas inevitables, la mayoría de las emergencias se agravan o incluso se originan por acciones humanas evitables.

Incendios, cuando el descuido se convierte en tragedia

Mainardi al referirse al riesgo de incendios, especialmente durante el verano. Recordó que está prohibida la quema de basura o restos vegetales y pidió extremar cuidados en espacios públicos como parques y zonas recreativas.

Un ejemplo reciente fue el incendio ocurrido en la zona de Apolón y Costanera Norte, que puso en riesgo a numerosas viviendas. Según explicó, todo indica que se originó por un descuido humano. “Una persona prendió fuego para calentar agua, pensó que estaba apagado y el fuego revivió”, relató, señalando cómo una acción mínima puede desencadenar una situación de enorme peligro.

Las estadísticas dicen que más del 90% de los incendios tienen origen humano. Por eso, el llamado es al sentido común, a tomarse unos minutos extra para asegurarse de que un fuego esté completamente apagado o que una colilla de cigarrillo no quede encendida.

Basura, enchorradas e inundaciones

Otro problema recurrente es la acumulación de residuos en lugares indebidos. Mainardi explicó que el gobierno departamental ha intervenido hasta ocho veces en los mismos puntos para erradicar basurales que vuelven a formarse.

Cuando se producen lluvias intensas a veces de más de 200 milímetros en pocas horas, las alcantarillas tapadas por basura provocan desbordes que terminan inundando viviendas, generalmente de madrugada. “Botellas, nylon, electrodomésticos, todo termina trabando los desagües”.

En estos casos, el factor humano no solo genera el problema, sino que agrava una situación climática que ya es adversa. El pedido es sencillo, asumir que cada acción individual tiene consecuencias colectivas.

La emergencia habitacional

Mainardi también puso sobre la mesa una realidad preocupante, la precariedad habitacional. Estimó que al menos el 20% de la población vive en condiciones extremadamente frágiles, con viviendas de nylon, madera y piso de tierra.

Los asentamientos irregulares representan un desafío estructural que, según sostuvo, debería abordarse como una política de Estado departamental, más allá de los períodos de gobierno. No se trata solo de erradicar, sino de comenzar un proceso de reversión que reduzca la vulnerabilidad frente a incendios, inundaciones y temporales.

Educación y prevención como ejes futuros

De cara al futuro, el Comité se propone fortalecer una tercera línea de trabajo, la formación y la educación en riesgos. La idea es trabajar tanto internamente como con la comunidad, especialmente con niños y jóvenes, quienes suelen ser más receptivos a los cambios culturales.

Las capacitaciones no serán teóricas ni tradicionales, sino dinámicas e interactivas. El objetivo es generar conciencia desde edades tempranas, para que los propios niños puedan transmitir en sus hogares prácticas más seguras y responsables.

Mainardi reconoce que muchas emergencias seguirán ocurriendo, tormentas, incendios, accidentes. Sin embargo, sostiene que la preparación y la educación pueden marcar la diferencia en cómo se enfrentan esos riesgos y en el impacto final que tienen sobre la comunidad.

Una gestión basada en la cercanía

El enfoque combina prevención, respuesta y acompañamiento. Para su coordinador, la clave está en no perder de vista a las personas detrás de cada emergencia. “Que el salteño sepa que no está solo”.

En tiempos donde la incertidumbre parece permanente, la gestión de riesgos se transforma también en una tarea humana, donde la presencia del Estado, la coordinación institucional y la responsabilidad ciudadana deben caminar juntas para reducir daños y fortalecer a la comunidad.

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