Gonzalo cumpliría 42 años /
Una madre que transformó el dolor en conciencia
- Por Pedro Rodríguez
Hay historias que duelen, pero que también enseñan. Historias que nacen desde una pérdida irreparable y que, con el tiempo, se transforman en compromiso con los demás. La de Alba Curbelo es una de ellas. Madre de Gonzalo, fallecido en un siniestro de tránsito hace casi 17 años, Alba convirtió su dolor en una lucha constante por la conciencia, la responsabilidad y la justicia vial. En diálogo con este medio, Alba habló desde un lugar profundo y honesto. Justo en una fecha especial, recordó que ayer Gonzalo, su hijo, habría cumplido 42 años, una fecha cargada de emoción y memoria. “Todo este tiempo he tratado de transformar el dolor en algo que sea útil para la sociedad”, expresó, con la serenidad de quien aprendió a convivir con una ausencia que nunca se llena.
Una causa que nació sin planearlo
Nada de esto fue premeditado. Tras la muerte de Gonzalo, como ocurre en estos casos, llegó el desconcierto, las preguntas sin respuesta y la necesidad de entender. “Fue una búsqueda personal, como ser humano”, explicó Alba. En ese camino encontró personas, grupos y redes de apoyo que la acompañaron y le dieron herramientas para crecer y canalizar el dolor. Así comenzó un recorrido que hoy la encuentra acompañando a otras familias que atraviesan siniestros de tránsito, orientándolas y estando presente tanto desde lo humano como desde lo institucional. “Hay personas que quedan con secuelas, con vidas completamente cambiadas, y también necesitan ser escuchadas”, señaló.
El tránsito: una responsabilidad de todos
Para Alba, la concientización vial es clave. “A veces creemos que manejar es algo simple, pero es una enorme responsabilidad”, afirmó. Todos somos parte del tránsito: conductores, peatones, ciclistas. Y todos estamos expuestos. También hizo hincapié en un aspecto que suele pasarse por alto: la violencia en el tránsito. “Nuestro estado de ánimo influye mucho. La agresividad, la falta de paciencia, pueden terminar en tragedias”, reflexionó. Por eso insiste en la necesidad de educación, información y empatía al circular por la vía pública.
Aprender a vivir con la ausencia
Cuando se le pregunta cómo se supera una pérdida así, Alba es clara: no se supera. “Es mentira eso de dar vuelta la página. Se aprende a vivir de otra manera”, dijo. Ser madre o padre no se deja de ser nunca, aunque el hijo ya no esté físicamente. Con el tiempo, esa ausencia se transforma en una especie de motor. “Nuestros hijos siguen estando en el corazón, en la mente, y son los que nos empujan a seguir”, expresó.
Cuidarse para poder cuidar
Sostener una lucha de tantos años no es sencillo. Alba reconoce que el desgaste emocional existe y que también es necesario cuidarse. El acompañamiento de la familia, amigos y de la red de familiares de víctimas de siniestros de tránsito ha sido fundamental. “Somos como una familia, nos contenemos entre todos”, explicó.
Mantener viva la memoria
La memoria de Gonzalo está presente todos los días. Más allá de las charlas, actividades y entrevistas, su recuerdo vive en lo cotidiano. “Hay presencias que no se ven, pero se sienten”, dijo Alba, poniendo en palabras algo que muchas veces cuesta explicar. Antes de despedirse, dejó un mensaje claro: conducir con responsabilidad, cuidar al otro y entender que una mala decisión puede cambiar muchas vidas para siempre. Su voz, nacida desde el dolor, hoy es una herramienta de conciencia que busca que ninguna familia tenga que pasar por lo mismo.