Guillermo Minutti /
“Papá sentía a Salto en la sangre”
- Pedro Rodriguez
Se cumplen 49 años de la tragedia aérea que le quitó la vida al arquitecto Néstor J. Minutti Migliaro, ex intendente de Salto, dirigente político y una figura que dejó una marca importante en el departamento. Su fallecimiento, ocurrido en junio de 1977, causó un fuerte impacto en la ciudad. Minutti era un hombre joven, con apenas 37 años cuando fue intendente, y tenía muchos proyectos en marcha. Su hijo, el ingeniero Guillermo Minutti, recordó su vida, su forma de ser y las enseñanzas que dejó. “Papá era una persona apasionada por todo lo que hacía. Por la arquitectura, por la función pública y por Salto. Era una usina de ideas”, contó Guillermo. Según recordó, cada vez que viajaban o recorrían algún lugar, Néstor Minutti observaba todo pensando en qué podía servir para Salto. “Todo lo veía con ojos de Salto. Siempre estaba imaginando obras, cambios o mejoras para la ciudad”.
Obras pensadas para el futuro
Guillermo explicó que su padre veía a Salto como una ciudad que necesitaba abrirse y crecer con una mejor planificación. Por eso impulsó proyectos como la avenida Ríaz, buscando darle más amplitud y funcionalidad a la ciudad. También tuvo participación en la reforma del cementerio, una obra que en su momento generó dudas, especialmente por el muro de ladrillo que rodea el lugar. Con el paso del tiempo, esa obra fue entendida de otra manera. La idea era que el cementerio se integrara al entorno y no fuera un corte duro dentro de la ciudad. También recordó la primera terminal y las obras vinculadas al ingeniero Eladio Dieste. Para Guillermo, su padre tenía una característica importante: no trabajaba solo con sus ideas. Buscaba el aporte de otros profesionales y trataba de sumar distintas miradas. “Él siempre quería integrar ideas nuevas. No se quedaba solamente con lo que pensaba él”, señaló.
Sin embargo, Guillermo entiende que algunas obras no fueron cuidadas como corresponde. Mencionó el tanque del barrio Artigas, una obra vinculada a Dieste, que durante años fue utilizada para colocar carteles y publicidad. “En otros lugares las obras de Dieste son monumentos. Acá muchas veces no las valorizamos como corresponde. No importa quién las haya hecho: son patrimonio de toda la ciudad”, afirmó.
La sandía y el valor de involucrar a la gente
Una de las anécdotas que más recuerda Guillermo ocurrió durante la reforma del Museo del Hombre y la Tecnología. La obra no avanzaba como se esperaba. Néstor Minutti fue hasta el lugar y encontró a varios funcionarios municipales comiendo una sandía. En lugar de discutir, se sentó con ellos, pidió un pedazo y comenzó a conversar. Les explicó la importancia de esa obra para Salto y les transmitió que ellos también debían sentirse parte del proyecto. Según Guillermo, después de esa charla cambió el ambiente. Los trabajadores se involucraron más y la obra comenzó a avanzar de otra manera. Otra historia ocurrió en una exposición en Montevideo. Se estaba terminando el stand de Salto y un electricista apoyó una escalera contra una tabla recién pintada, rayando la superficie. Minutti se molestó y le reclamó porque sentía que ese espacio representaba al departamento. También tenía un carácter fuerte cuando veía una injusticia o una falta de respeto. Guillermo recordó una situación frente al diario El Pueblo, cuando un hombre que era autoridad ingresó en contraflecha hacia un garaje. Minutti le recriminó la maniobra y la discusión fue tan fuerte que el hombre llegó a sacar un revólver. Fue un momento peligroso, pero muestra que no se quedaba callado.
Una lección en Termas del Arapey
Entre los recuerdos familiares hay uno que muestra los valores que Néstor Minutti transmitía a sus hijos. A él le gustaba visitar Termas del Arapey los fines de semana. Iba a descansar, pero también a mirar qué cosas faltaban y qué se podía mejorar. Un día, Guillermo consiguió que una señora le prestara una bicicleta para recorrer las termas. Cuando su padre se enteró, le preguntó si sabía que esas bicicletas se alquilaban. Guillermo respondió que sí. Entonces Minutti le ordenó devolverla. Pero debía hacerlo caminando, llevando la bicicleta a su lado, sin usarla. “Son cosas pequeñas, pero dejan enseñanzas para toda la vida”, expresó Guillermo. La lección era sencilla: respetar el trabajo de los demás y no aprovecharse de algo que tenía un valor.
Una pérdida que dejó una marca
La tragedia de 1977 fue muy dura para la familia. La madre de Guillermo tenía 33 años cuando quedó viuda. En estos días, además, la familia atraviesa otro momento de dolor por el reciente fallecimiento de ella. Guillermo contó que crecer siendo hijo de Néstor Minutti también fue una responsabilidad. En muchos lugares la gente reconocía el apellido y hablaba con respeto de su padre. “Uno sentía que tenía que estar a la altura. A veces pesaba, pero con los años se transforma en orgullo”, señaló.
El mensaje que sigue vigente
Para Guillermo Minutti, el mayor legado de su padre está en la honestidad, el trabajo y el compromiso con la gente. Entiende que quienes ocupan cargos públicos deben pensar en el bien común, cuidar los recursos y dar el ejemplo. “Hay que mirar más lejos, no pensar solamente en uno mismo o en los que están cerca. Cuando se tiene una responsabilidad pública, se trabaja para todos”, afirmó. A 49 años de su muerte, Néstor Minutti sigue presente en las obras, en los recuerdos de los salteños y en una forma de entender la función pública como un verdadero servicio a la comunidad.