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En el Día del Trabajador Rural, las palabras del ex integrante del MLN, Héctor Amodio Pérez, volvieron a poner sobre la mesa un hecho que nunca terminó de cerrarse en la memoria colectiva: el asesinato del peón rural Pascasio Báez. No fue una fecha cualquiera para hablar. Y tampoco fueron palabras livianas. Amodio no habló desde la distancia. Habló desde el conocimiento directo de los protagonistas, desde haber compartido tiempo y espacio con quienes tomaron decisiones que terminaron en un crimen que aún hoy genera debate.

LA ORDEN Y EL EJECUTOR

Uno de los puntos más sensibles de su planteo es la distinción , o la falta de ella, entre quien ejecuta y quienes deciden. Según su relato, el ejecutor material fue Ismael Bacini, un estudiante de medicina en ese momento, quien aplicó la inyección que terminó con la vida de Pascasio Báez. Pero Amodio cuestiona que la responsabilidad no puede recaer únicamente en él. Porque la decisión, sostiene, fue colectiva. Menciona directamente a Henry Engler, Mauricio Rosencof, y otros integrantes de la organización que habrían participado en la determinación de que Báez debía ser eliminado. Es decir, no fue un acto aislado, sino una resolución tomada dentro de una estructura. Y ahí aparece la pregunta ¿por qué la historia cargó con más peso sobre quien ejecutó que sobre quienes decidieron?

RESPONSABILIDADES QUE NO SE MIDEN IGUAL

Amodio va un paso más allá y pone el foco en el presente. Sostiene que mientras el ejecutor quedó marcado como el responsable directo, varios de quienes participaron en la decisión han sido, con el paso del tiempo, homenajeados públicamente, reconocidos y hasta premiados. Esa diferencia en el trato es, para él, una señal de que la memoria colectiva no ha sido equilibrada. Porque, según plantea, decidir una muerte es tan grave como ejecutarla. Y sin embargo, dice, no todos han recibido el mismo juicio social ni el mismo lugar en el relato histórico.

UN CRIMEN QUE NO FUE CASUAL

Otro aspecto que remarca es cómo se llegó a esa situación. Pascasio Báez descubrió una “tatucera”, una construcción subterránea utilizada por el MLN. Pero ese hallazgo, según Amodio, no fue producto del azar, sino de errores internos de la organización. A partir de ahí, se habría montado una trampa. Relata que Báez fue engañado, llevado nuevamente a la zona y retenido. No se le dijo la verdad. No se le dio opción. Incluso sostiene que fue asesinado sin saber lo que iba a ocurrir y luego enterrado en condiciones que reflejan la intención de ocultar todo. Un hecho que, más allá del tiempo transcurrido, mantiene su crudeza.

MEMORIA, RESPONSABILIDAD Y SILENCIO

Hablar de Pascasio Báez hoy, en democracia, no es abrir una discusión del pasado por simple provocación. Es preguntarse cómo se construye la memoria. Qué se cuenta, qué se calla, a quién se señala y a quién se reconoce. Las palabras de Amodio incomodan porque rompen con relatos más consolidados. Porque ponen nombres sobre la mesa. Porque cuestionan homenajes y reconocimientos. Y porque recuerdan algo que a veces se diluye: que detrás de toda historia hay responsabilidades. Y que algunas, todavía, siguen siendo discutidas.

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