La agonía del comunismo cubano
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Por Leonardo Vinci
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En la historia del siglo XX circuló una vez la idea —a veces atribuida a Adolf Hitler— de que un líder podría estar tan obsesionado con aferrarse al poder que no le importaran los sacrificios de su propio pueblo. La comparación provoca una reflexión inevitable sobre otros regímenes autoritarios: ¿importa realmente a sus dirigentes el bienestar de la población, o están dispuestos a sostenerse en el poder “a cualquier precio”, incluso si eso significa empujar a su pueblo al sufrimiento? En el caso de Cuba, esa pregunta vuelve con fuerza en medio de una crisis política, social y económica cuyas dimensiones ya se perciben en la vida cotidiana de millones de personas.
Desde la triunfal revolución de 1959, liderada por Fidel Castro, Cuba se transformó en un Estado unipartidista con una economía centralizada y un control político absoluto. Durante décadas, el régimen se presentó como garante de derechos sociales básicos —salud, educación, seguridad— al tiempo que restringía cualquier forma de oposición política, pluralismo, prensa independiente o disenso público.
El "Período Especial"
El sistema cubano prohíbe el pluralismo político, censura medios y limita severamente las libertades civiles básicas. Tras el colapso de la Unión Soviética, la isla vivió su propia debacle económica en los años noventa, el llamado “Período Especial”. Fue un momento de escasez extrema mitigada temporalmente por la subvención petrolera venezolana. Con la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y el endurecimiento de sanciones estadounidenses, Cuba se enfrenta de nuevo a una situación crítica. Las fuentes de combustible que sostenían la agricultura, la industria y el transporte se han reducido drásticamente, provocando apagones, interrupciones de servicios básicos y una caída sostenida de la actividad económica.
89% de cubanos son pobres
La crisis económica y social actual ha superado incluso los peores momentos de las últimas décadas. Según informes independientes, cerca del 89% de la población vive en condiciones de extrema pobreza, con apagones frecuentes, escasez de alimentos, medicamentos y otros bienes esenciales. La vida diaria de los cubanos se ve afectada de múltiples maneras: prolongados cortes de electricidad, falta de acceso continuo a medicinas básicas, y un mercado laboral que no logra absorber a una fuerza de trabajo cuyo salario apenas cubre unas pocas necesidades elementales. Encuestas recientes muestran que una amplia mayoría expresa su deseo de emigrar.
Crisis económica, derechos humanos y libertades
A la crisis material se suma una profunda crisis de derechos humanos y libertades. Centenares de cubanos son detenidos arbitrariamente, procesos judiciales sin garantías básicas, intimidación y hostigamiento constante a críticos y defensores de derechos, así como la negativa del gobierno a permitir el acceso libre a observadores independientes. Este contexto ha alimentado un descontento social latente que, en algunos momentos, se ha manifestado en protestas y expresiones de rechazo público. A pesar de ello, el régimen cubano mantiene un control férreo sobre las estructuras del Estado y no muestra señales claras de abrir el espacio político o transferir el poder a la ciudadanía a través de mecanismos democráticos plenos.
Resultados del modelo comunista
La profunda crisis actual es, en gran medida, resultado de decisiones internas, la falta de reformas estructurales, el control estatal absoluto de la economía y la ausencia de libertades políticas.La pregunta central que atraviesa este debate es si el régimen cubano prioriza su supervivencia política por sobre la calidad de vida de su pueblo. Los hechos recientes muestran un país en profunda depresión económica, con una emergencia humanitaria latente y un pueblo que, en muchos casos, vive al borde de la subsistencia, mientras sus gobernantes insisten en un modelo que no ha generado prosperidad sostenible...
¿Hay esperanzas de cambio?
La historia de Cuba es, para muchos, la de un proyecto político que no logró cumplir sus promesas y de un pueblo que carga las consecuencias diarias de un sistema que se aferra al poder. La pregunta, más urgente que nunca, sigue siendo: ¿seguirá el liderazgo cubano sosteniendo este rumbo, o abrirá una puerta al cambio que permita a los cubanos decidir su propio destino?